viernes, 27 de noviembre de 2015

jueves, 19 de noviembre de 2015

TAMBIÉN LOS NIÑOS SON POBLACIÓN CIVIL, de Heinrich Böll (II)

Hemos leído este relato antibelicista y en favor de los derechos civiles escrito por el premio Nobel alemán Heinrich Böll. Se trata de un relato narrado en primera persona, y mayormente en forma de diálogo, por un soldado alemán herido que está siendo atendido en un hospital de campaña en territorio ruso durante la Segunda Guerra Mundial.


La historia gira en torno a este militar que quiere comprarle unos pasteles a una niña rusa que pasea fuera del recinto, bajo la nieve. Las continuas referencias al tiempo atmosférico y a la nieve, hacen más vívido el clima de aislamiento y soledad en el que se ve recluido el convaleciente, una coyuntura en la que el dinero (dispone de él en abundancia) carece de valor y son las pequeñas cosas -unos pasteles, intercambiar unas palabras con una niña- las verdaderamente importantes, las que le hacen olvidar, aunque sea sólo por un momento, sus dolencias, el horrible lugar en el que está obligado a residir, la guerra.

Si bien finalmente el herido consigue su propósito, el centinela encargado de la vigilancia y seguridad no le permite salir al exterior y tampoco deja que la niña entre, pues su principal misión es cumplir las ordenanzas, unas ordenanzas severas que no distinguen entre niños y adultos, a pesar de que, como dice el protagonista en el texto, "un niño no es más que un niño".



jueves, 12 de noviembre de 2015

TAMBIÉN LOS NIÑOS SON POBLACIÓN CIVIL, de Heinrich Böll

El Premio Nobel de Literatura Heinrich Böll fue miembro del ejército alemán durante todos los años que duró la Segunda Guerra Mundial. Su horrible experiencia en la guerra dejó huella en sus escritos antibelicistas, como el que leeremos la próxima semana en nuestro Taller de Lectura: También los niños son población civil.


UN EXPRESO DEL FUTURO, de Juliuo Verne (II)

No es nada nuevo que un escritor narre una historia que finalmente resulta ser un sueño. Tampoco es extraño que un invento o descubrimiento anticipado en un relato de ciencia ficción llegue a hacerse realidad muchos años después. En este cuento de Julio Verne se da la primera condición, la segunda, a pesar de los enormes avances de la tecnología, parece estar todavía muy lejos.

Un expreso del futuro es la historia de un hombre que está leyendo un artículo en una revista que habla sobre los extraordinarios proyectos de un tal Coronel Pierce, unos proyectos que consisten en unir las localidades de Boston (EE.UU.) y Londres (Gran Bretaña) a través de unos tubos subterráneos que atravesarían el océano Atlántico.


El relato empieza con una advertencia: “Ande con cuidado –gritó mi guía-. ¡Hay un escalón!”, que bien podría ponernos en guardia ante la posibilidad de que todo lo que viene a continuación sea una farsa, ficción al fin y al cabo.

Verne no ahorra en detalles. Describe el aspecto del nuevo artefacto y explica detenidamente los materiales necesarios para su construcción, su peso, el número de barcos y de viajes implicados en el transporte de los materiales, cómo funciona, qué velocidad alcanza, su aspecto, el número de plazas de las que dispone e incluso el modo de solucionar posibles problemas o inconvenientes de su funcionamiento. Esta enorme cantidad de datos y de detalles ayudan a aportar verismo a la historia, el lector ve factible que utopía semejante puede llegar a producirse.


El protagonista de la acción llega incluso a participar en una demostración, a experimentar la experiencia de viajar por el interior de esos tubos a mil ochocientos kilómetros por hora. Hasta que la lluvia lo despierta de su siesta.

jueves, 5 de noviembre de 2015

UN EXPRESO DEL FUTURO, de Julio Verne

Abrid vuestras mentes, dejad paso a la desbordante imaginación de Julio Verne. La próxima semana leeremos un relato de este archiconocido escritor francés de literatura de aventuras y fantasía que se titula Un expreso del futuro.


MADRE GALLEGA, de Emilia Pardo Bazán (II)

En Madre gallega, Emilia Pardo Bazán nos cuenta la historia de abnegación de una madre, que acaba sacrificando su vida por salvar la de su hijo.

El relato está ambientado en plena Guerra Carlista, en una época en la que los españoles estaban divididos y enfrentados, en la que el odio y el enfrentamiento arraigaba en el seno de muchos.

Habla de una modesta familia gallega que consiguió para su hijo, de nombre Luís María, la protección de un poderoso señor aragonés. Este hombre se llamaba don Ramón de Bolea y tanto aprecio le cogió al chico que incluso lo hizo su ahijado.

Luís María era un chico muy devoto y soñaba con cantar misa. Su padrino le costeó la carrera y posteriormente le consiguió un puesto en su parroquia, en un pueblo de Teruel. Los sueños de la madre se habían cumplido y ver a su hijo en una posición tan ventajosa la llenaba de orgullo.


Un día, el cura reclamó la presencia de su madre en el pueblo. Sabía las penurias que pasaba la pobre mujer, así que quería tenerla junto a él para darse mutua compañía.

A medida que iba pasando el tiempo, las pugnas entre ambos bandos enfrentados en la guerra eran cada vez más frecuentes y cruentos y, aunque él se mantenía al margen, las habladurías lo situaban en la facción de los “serviles”, pues su protector era jefe de una partida facciosa.

De este modo, la gente del pueblo comenzó a instigarle. Tanto él como su madre recibían insultos y humillaciones. Mientras Luís María se refugiaba en la oración, las palabras dejaron paso a hechos más graves y las amenazas se convirtieron en agresiones.


Un día, después de que el señor de Bolea, presuntamente, mandase ajusticiar y fusilar a dos vecinos del pueblo, miembros del bando “nacional”, una horda se presentó en la rectoral y reclamó la presencia del párroco. Cuando este iba a asomarse por la ventana, su madre se lo impidió. Lo retuvo, apagó las luces y se asomó, a la espera de que un balazo le quitase la vida.

jueves, 29 de octubre de 2015

MADRE GALLEGA, de Emilia Pardo Bazán

De la fría Rusia a Galicia. Después de acercarnos a Chejov, regresamos a nuestra tierra para leer un cuento de Emilia Pardo Bazán que se titula Madre gallega.


CIRUGÍA, de Antón Chejov (II)

Por medio de la historia de un humilde sacristán que tiene dolor de muelas y un practicante que sustituye al doctor y que se cree en posición de superioridad por su dominio de la ciencia, Chejov hace un retrato crítico del pueblo ruso. El “Ruso”, así, en general, sale malparado, pues es una persona sucia, ignorante, supersticiosa y sumisa.

El autor emplea con maestría el lenguaje y las descripciones para introducirnos, desde el comienzo, en una atmósfera hedionda y agobiante (“humo pestilente”, “atacado de cataratas”, “en la nariz ostenta una verruga que de lejos se asemeja a una mosca grande”, “muelas que el tabaco y el tiempo han puesto amarillas”), que refleja la pobreza y las condiciones insalubres en las que está sumido el pueblo llano ruso. Además, aporta ese componente humorístico tan propio del genial escritor. Antológico (y desternillante) me parece el momento en el que el sacristán, en su confusión, al no encontrar el icono, se santigua ante una bombona de ácido fénico.


Y es que la religión está muy presente a lo largo y ancho del relato. El “temor de Dios” y las referencias a los Ángeles, a la Virgen y otros Santos o divinidades es constante. Se trata de una religión entendida de una manera sui géneris, mezclada en todo momento con la superstición. El sacristán Vonmiglásov entiende que su infección y dolor de muelas es un castigo divino por sus pecados, sin embargo, para aliviar su sufrimiento, y antes de acudir al médico, ha probado remedios como aplicar vodka con rábano –¡recomendación de un diácono!- o atarse un hilo del monte Athos al brazo.

El practicante Kuriatin, por otra parte un incompetente, es respetado y venerado, se encuentra una posición de eminencia o superioridad ante sus convecinos por el mero hecho de tener una educación y representar a la ciencia médica. El sacristán le demuestra todo el respeto y se pone en sus manos para que le resuelva su “problema”. Sin embargo, la intervención, la extracción de la muela, se complica y deriva en una discusión pues el matasanos emplea varios métodos e instrumentos para conseguir su objetivo pero se muestra incapaz, multiplicando el dolor de su paciente. En ese momento, desaparecen el respeto y los buenos modos, pero el enfermo, en su posición desesperada, continúa sometido a la única persona que puede salvarle.


Finalmente, el practicante rompe la muela del sacristán. Y aún pretende que este se muestre agradecido…

jueves, 22 de octubre de 2015

CIRUGÍA, de Antón Chejov

Para la semana que viene, volveremos la mirada a uno de los clásicos rusos que ya ha pasado por nuestro Taller de Lectura en más de una ocasión. Leeremos un cuento de Chejov titulado Cirugía.


MATAR A UN NIÑO, de Stig Dagerman (II)

Acabamos de leer un impactante y desazonador relato de Stig Dagerman, un cuento que llama la atención por la peculiar manera en la que ha sido contruído. Desde un principio conocemos el desenlace –la muerte accidental de un niño- pero, sin embargo, consigue captar nuestra atención y elevar el nivel de intensidad, de emoción y de ansiedad en el lector a medida que va avanzando. Parece que el autor se recrea en su virtuosismo narrativo para hacernos sentir la impotencia de un final inevitable.

Comienza la narración con una escena intimista. Una familia se prepara para pasar el día en el mar. La madre prepara el desayuno, el padre se afeita, el niño acaba de vestirse. Se terminó el azúcar y la madre ordena al hijo que vaya a casa de unos vecinos a pedir prestados unos terrones.


Al mismo tiempo, el homicida es un hombre feliz e inofensivo que toma una fotografía con su prometida antes de emprender un viaje en coche hacia la costa. Dice Dagerman que este hombre “no sería capaz de matar a una mosca, sin embargo, pronto matará a un niño”.


El relato trata sobre la fina línea que separa la felicidad de la desgracia, sobre la crueldad de los designios de este mundo y, sobre todo, sobre el sentimiento de culpa. La culpa que sentirá durante toda su existencia la madre que mandó a su hijo a por azúcar, la culpa que sentirá el conductor que iba de excursión y atropelló a un inocente, un hombre que “deseará en cambio tener un solo minuto de su vida pasada para hacer este solo minuto diferente”.

jueves, 15 de octubre de 2015

MATAR A UN NIÑO, de Stig Dagerman

Ahora que está tan de moda la producción novelística de los países escandinavos, quiero presentaros al que fue estrella de las letras del norte de Europa en la década de los años 40 del siglo pasado. Se trata de Stig Dagerman, autor de cuatro novelas, algunas piezas teatrales, un buen puñado de artículos, reportajes, cuentos y novelas cortas que le otorgaron el favor del público y de la crítica.

Sin embargo, la vida de este joven prodigio fue un poco turbulenta, como certifica su temprana muerte a los 31 años de edad. El atormentado artista decidió suicidarse en el garaje de su casa encendiendo su coche y aspirando los gases que este producía.


Leamos su relato Matar a un niño y después opinemos.

GRACIAS, de Yasunari Kawabata (II)

Nos ha llamado la atención la estructura de este breve cuento del japonés Kawabata, que empieza y termina casi con la misma frase. “Sería un buen año para los caquis. El otoño en las montañas era hermoso” es la primera línea de la narración, mientras la que cierra el texto es “Era un buen año para los caquis. El otoño en la montaña era bello”. Casi idénticas.

La acción comienza en una ciudad portuaria del sur. Tras un viaje de ida y vuelta en ómnibus, ciento veinte kilómetros entre caminos montañasos, tras dos días y una noche, los protagonistas se despiden, al fin, en ese mismo lugar. Una esctructura circular delimita perfectamente la historia, su principio y su fin.

Lo cotidiano, la naturaleza y la belleza siempre están presentes en la literatura de Kawabata. El estilo parsimonioso, casi como el fluir de un arroyo, nos transmiten paz y armonía aunque en el fondo el tema que trata el relato sea escabroso. Tan escabroso como el viaje de una madre con su hija para vender a esta última, para entregarla a una gente que la convirtirá en geisha o, casi con total seguridad, en prostituta. Ese parece el destino de una niña inocente que no es ajena a su destino.


Madre e hija ven en el chófer del vehículo una posible salida o salvación a la fatalidad. La madre dialoga con el conductor al inicio del texto, intenta ganarse su favor, y anticipa que todo puede solucionarse: “Es una señal de que algo bueno va a suceder”, dice.

El chófer es un hombre con cierto estatus. Un ser que goza del respeto de la gente por su posición y su amabilidad. Kawabata lo compara con dos elementos de la naturaleza que nos dan una idea de su personalidad: con un pájaro carpintero, por su elegancia y sus exquisitos modales cuando inclina su cabeza para saludar, y con un cedro, debido a su porte, actitud y naturalidad.

A medida que avanza el viaje, la niña, viendo más próximo su destino, empieza a temblar y a encontrarse mal. La madre, ablandada, recurre al conductor para proteger a su hija. Le pide que la acoja, que la tome por esposa para librarla de las garras de otros hombres menos puros.

Pasan la noche en el pueblo y a la mañana siguiente emprenden el camino de regreso. La madre se ha compadecido de la hija y no la ha entregado. Vuelven a casa. Sin embargo, parece que el conductor no se ha decidido a tomarla por esposa. No han logrado convencerle. La madre, de todos modos, le advierte que ella no podrá hacerse cargo de la niña por mucho tiempo y que si él no la ampara no le quedará otra salida que venderla: “Puedo arreglarme. Pero cuando el tiempo mejore, ya no podré tenerla en casa”.


La responsabilidad está ahora sobre la conciencia del conductor, que continúa afrontando su profesión con distinción y gentileza.

jueves, 8 de octubre de 2015

GRACIAS, de Yasunari Kawabata

La próxima semana vamos a leer un breve relato del que fue el primer escritor japonés en ganar el Premio Nobel de Literatura, allá por 1.968. No es otro que Yasunari Kawabata (1.899-1972), un escritor cargado de sensibilidad al que tenéis que dar una oportunidad. El cuento elegido se titula Gracias, un relato sencillo que espero haga que os intereséis por su obra.


Svetlana Alexeivich se lleva el Premio Nobel de Literatura 2015

La Academia sueca ya ha fallado el Premio Nobel de Literatura 2015 que llega, un año más, con sorpresa. La premiada ha sido la escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexievich, una mujer que no entraba en las apuestas. De hecho, es extraño ver como un escritor de no ficción se alza con el famoso galardón.


LA LARVA, de Rubén Darío (II)

La acción acontece en un lugar de América caracterizado por la superstición de las gentes y el mal entendimiento de la religión. Un lugar donde la brujería, el ocultismo y las leyendas demoníacas y fantasmales están a la orden del día, donde las noches son un terreno vedado y misterioso y sólo unos pocos valientes se aventuran a profanar el silencio y la oscuridad.

Sin embargo, un hombre joven, como es el narrador y protagonista de este cuento, apenas un chico de quince años, siempre se siente tentado por lo prohibido y secreto. Isaac Codomano, que así se llama, nos cuenta que su gran anhelo era salir en plena noche y participar de una serenata, abrir su pecho y vaciar su corazón al ritmo de la música bajo la ventana de alguna alguna dama.


Con este proyecto en mente, Codomano roba las llaves de la casa en la que vive custodiado por su tía abuela y emprende la aventura. Sale a la calle, se une a una serenata y se siente todo un hombre.

De repente, ve a una dama sentada en la acera, toda ella bien arropada en su rebozo, se separa del grupo y se dirige a ella cor ardor, recitando palabras de joven enamorado. Ya veía próximo su éxito cuando la mujer se gira hacia él y le muestra el rostro de la muerte, una calavera viscosa y desagradable con un globo ocular colgando de una de las cuencas. Imaginaos la sorpresa, el susto.


Cuando llamó a sus amigos y estos aparecieron en respuesta a sus gritos, la misteriosa figura había desaparecido. ¿Había sido una aparición real o sólo el producto de una mente excitada por la novedad y alimentada por la superstición?

jueves, 1 de octubre de 2015

LA LARVA, de Rubén Darío

Después de la lectura de D.Q., os traigo otro relato de Rubén Darío. Se titula La larva y espero que os guste tanto o más que el anterior.


D.Q., Rubén Darío (II)

La acción se desarrolla en Santiago de Cuba, y comienza la noche anterior a que España perdiese sus últimas posesiones en el “Nuevo Mundo”.

El ejército español estaba vencido. Las huestes que resistían en la isla caribeña, a duras penas,  intentaban mantener el ánimo mientras esperaban como agua de mayo la llegada de nuevas tropas de refuerzo que les diesen esperanzas en la victoria.

Y esas milicias llegaron, al fin. Entre los soldados, todos jóvenes, alegres y bizarros, se destacaba un hombre ya mayor, de unos cincuenta años, el abanderado. Era este un personaje enigmático. Era introvertido, pensativo, callado, taciturno. Era patriota y religioso como ninguno. Renunciaba a su ración de alimento para cedérsela a otros que la necesitaban más que él. Había en él algo de familiar y de atemporal.



Tan familiar que todos lo conocemos. Poco a poco, van surgiendo en el relato datos que nos encaminan a la resolución del enigma:

“Su mirada triste parecía penetrar hasta lo hondo de nuestras almas ydecirnos cosas de siglos.”
“Me ha hablado de sueños irrealizables.”
“Dicen que debajo del uniforme usa una coraza vieja.”
“Es un buen hombre en el fondo; paisano mío, manchego.”
“No se me ha ocurrido ver su nombre en la lista. Pero en todas sus cosas hay marcadas dos letras: D. Q.”

En efecto, el abanderado es Don Quijote, como desvelará Rubén Darío en el último párrafo.

Pero volvamos a la historia. ¿Qué pasó con los guerreros españoles y con D.Q.? Las tropas españolas recibieron pésimas noticias. Debían de entregar las armas, rendirse a los yanquis, pues habían sido vencidos.


Entre el sentimiento de humillación y vergüenza que imperaba entre los soldados, destaca la orgullosa reacción del abanderado: antes de entregar la bandera del país que tanto ama, prefiere lanzarse con ella por el precipicio. Y morir. Aunque, como sabéis, es inmortal.

jueves, 17 de septiembre de 2015

D.Q., de Rubén Darío

La próxima semana leeremos un relato de título enigmático: D.Q., obra del escritor nicaragüense Rubén Darío, máximo representante del modernismo en lengua castellana.


TORMENTA EN EL RÍO, de Dino Buzzati (II)

Tormenta en el río es un texto ambiguo que se caracteriza por la inacción. De hecho, la tormenta que promete el título no llega a producirse. Para escribir este relato Buzzati bebió de las filosofías orientales de Lao-Tsé, donde el ciclo vital de los hombres está integrado con la naturaleza, formando un engranaje perfecto que permite que la rueda del mundo siga girando.

Los personajes humanos están poco definidos. Un anciano con su hijo. La escena se repite cada cierto tiempo, en todas las épocas, en todos los lugares. La vida es un ciclo que corre, imparable, como la corriente del río, que no se detiene pero que nos da siempre la sensación de ser siempre la misma, de estar siempre igual.


La naturaleza, por su parte, desempeña un papel fundamental y se convierte en un personaje tan importante -o más- como el viejo que acude a pescar inevitablemente, cada día, a la orilla del río. Como personaje con entidad propia, la naturaleza aparece personificada, llegando a actuar como testigo de los acontecimientos y participando de ellos, confundiéndose a veces con el narrador: "Los juncos, las hierbas de la orilla, las pequeñas matas de los sauces y los árboles grandes vieron llegar también [...]", "[...]sólo los troncos lo recuerdan vagamente[...]", "Las plantas los vuelven a ver con gusto, los esperan incluso toda la semana [...]", "Todo esto, sin embargo, se ha confundido en la memoria de las plantas [...]", "Ahora los árboles grandes, los pequeños matos de los sauces, las hierbas de la orilla y las plantas acuáticas comienzan a comprender [...]", "Algún insecto volador ha contado que padre e hijo viven en una gran casa en la colina cercana. Pero el bosque no sabe quiénes son con exactitud [...]", "El bosque está ansioso porque el niño no viene[...]". En definitiva, Buzzati otorga a los diferentes entes naturales la capacidad de ver, de recordar, de esperar, de comprender, incluso de contar algo y de sentir.

Toda la indefinición que apreciamos en personajes, lugares, espacios... contribuyen a que el texto se adentre en el territorio de lo fantástico: ¿por qué el anciano no despierta cuando las gotas de lluvia lo están mojando?

viernes, 11 de septiembre de 2015

TORMENTA EN EL RÍO, de Dino Buzzati

Después de unas reparadoras vacaciones estivales retomamos nuestro Taller de Lectura con un relato de Dino Buzzati que se titula Tormenta en el río.


jueves, 9 de julio de 2015

¿CUÁNTA TIERRA NECESITA UN HOMBRE? De León Tolstoi (II)

Acabamos de leer un relato sobre la ambición. Pahom es un pobre campesino, un trabajador humilde, que ansía poseer sus propias tierras. Después de muchos sacrificios, acudiendo a préstamos, trabajando de sol a sol y vendiendo los pocos bienes de los que dispone, alcanza su sueño y compra veinte hectáreas de terreno.

La fortuna le sonríe, obtiene una buena cosecha, logra pagar sus deudas y se convierte en un terrateniente pero, después de una felicidad efímera, siente que no es suficiente. Un viajero le habla de un territorio lejano donde las tierras son tan fértiles que “el centeno era tan alto como un caballo, y tan tupido que cinco cortes de guadaña forman una avilla”.

Así que Pahom decide vender, una vez más, sus posesiones, no tan escasas esta vez, y emprender un largo viaje. El viajero no le había engañado y Pahom, pasado un tiempo, era un poco más rico.

Sin embargo, Pahom desea más. A través de un vendedor de bienes raíces, llega a sus oídos el rumor de que, lejos de allí, era fácil conseguir enormes extensiones de terreno a precios muy bajos, irrisorios, sólo con ofrecer regalos a los jefes.


Decide partir. En la tierra de los bashkirs resulta ser cierto todo lo que le contaron. Nunca tan fácil y barato había sido comprar tierras. Por sólo mil rublos, toda la tierra que pudiera recorrer a pie en un día sería suya. Pero tiene que regresar al punto de partida antes de que se ponga el sol. Pahom no puede descansar con la emoción la víspera del gran día. Y ya hace planes de cara al futuro…

Y comienza la aventura. Pahom madruga, aprovecha las primeras horas del día, las más frescas. Avanza a buena velocidad, apenas se detiene para desayunar y tener un pequeño descanso. Cuanto más avanza, más hermosas le parecen las tierras. Las quiere todas, y continúa avanzando por no perder los hermosos pastos que se extienden ante sus ojos. El cansancio empieza a hacer mella en sus fuerzas y, cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde para volver. El punto de partida está demasiado lejos. Está dolorido, exhausto y avanza lo más rápido que puede, corre.

Pahom sabe que ha sido ambicioso y que la avaricia rompe el saco: “He deseado mucho, y lo eché todo a perder”, “Hay tierras en abundancia –pensó- ¿pero me dejará Dios vivir en ellas?”.

Mientras Pahom exprimía sus últimas energías corriendo hacia la loma, los bashkirs se regocijaban en la desgracia del ambicioso. Lo espoleaban con sus gritos para que corriese aún más, se reían.

Pahom regresó justo cuando el sol se ocultaba. Cayó al suelo. Sangraba por la boca. Estaba muerto.


Tolstoi responde a la pregunta formulada en el título del cuento: ¿Cuánta tierra necesita un hombre? “Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba”. La suficiente para ser enterrado

jueves, 18 de junio de 2015

¿CUÁNTA TIERRA NECESITA UN HOMBRE?, de Leon Tolstoi

Para la próxima semana os traigo un relato un poco más extenso de lo habitual, ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, del ruso León Tolstoi, todo un clásico en nuestro Taller de Lectura.


UN ARTISTA, de Manuel Mújica Laíenez (II)

Pese a los ornatos y afeites en forma de referencias a figuras históricas del pasado (Athenais, Irene, Justiniano, Asurbanipal…), este relato de Mújica Láinez esconde una historia bien sencilla.

La acción se desarrolla en la “Hostería de la Manzana de Adán” (curiosa referencia al pecado original…), un antro reservado para escritores y bohemios. Allí, el narrador conoce, e inmediatamente se siente embelesado por su aspecto y conversación, a Diego Narbona, un pintor de talento, un verdadero artista, al que el éxito ha dado, injustamente, la espalda.

Su conversación versa sobre el arte del virtuoso, sobre sus ideales, sobre su vida azarosa y miserable… Era un hombre culto y de enorme talento al que no se le habían reconocido sus méritos.


Cuando Narbona abandonó el establecimiento, el relator aún quedó largo rato bajo su influjo. Pero, de repente, una frágil y hermosa dama irrumpió llorando. Sangraba. Su marido le había pegado y, al parecer, era esta una escena recurrente. Su falta, muy leve: haber dejado que se quemara la tortilla.

Indignado, nuestro amigo se pregunta quién habrá sido el salvaje capaz de abusar de una criatura tan indefensa, le entran incluso ganas de ajustarle las cuentas al indeseable. Cuál es su sorpresa cuando le comunican que el marido es el mismo Diego Narbona al que minutos antes había admirado.


Diego Narbona es un artista. Diego Narbona es un maltratador. Diego Narbona es un lobo con piel de cordero.

jueves, 11 de junio de 2015

NARCISO, de Manuel Mújica Láinez (II)

El protagonista de este turbador relato de Mújica Láinez no se llama Narciso, sino Serafín. Sin embargo, su obsesión por mirarse en el espejo -ese afán autodestructivo por su propia imagen…- entronca su existencia con la del personaje de la leyenda clásica.

Serafín es un hombre cuya vida, después de regresar del trabajo, se limita al cuidado de sus gatos y, sobre todo, a la contemplación de una imagen –a medida que avanza la narración descubrimos que no se trata de su imagen presente- en el espejo, pieza más importante de su pequeño y destartalado hogar. El espejo genera una atracción especial también para los gatos pero Serafín no deja que se acerquen a él. Incluso llega a encerrarlos cuando sale de casa para evitarlo.


Este hombre sale poco a la calle y no se preocupa del orden ni de la limpieza. Su apartamento está semiabandonado. La mugre se acumula por todas partes, la cama permanece deshecha, restos de la comida de sus gatos dotan de un olor nauseabundo a la vivienda… Pero él no se da cuenta -“Serafín no otorgaba importancia a nada que no fuese su espejo”-. Estas circunstancias nos hacen pensar en que este hombre sufre una patología de la que todos habréis oído hablar, la conocida como el síndrome de Diógenes.

Pero volvamos al texto. La presencia de los felinos (cinco, seis, siete... muchos) desde el primer párrafo, resulta inquietante. Empezando por el color de su pelaje, pues son todos ellos de color negro, signo de mala suerte para los supersticiosos, y continuando por los calificativos y enunciados con los que Mújica Láinez los va caracterizando: “fantasmales”, “vagaban como sombras”, “maullido loco”, “nerviosidad gatuna”, “llamear de sus pupilas”, “trémulos”, “electrizados”… todo nos hace sospechar que jugarán un papel importante en el desenlace de la historia.

Pero volvamos a Serafín. Un día, cae enfermo. Muy enfermo. Se acuesta y se olvida de todo, de darle de comer a los gatos, hasta de mirarse en el espejo. Los felinos, al sentirse libres, y a la vez hambrientos, se vuelven osados. Se suben a la cómoda y arañan el espejo. Y una fotografía cae hecha añicos…



Hemos dicho que Serafín estaba obsesionado con la contemplación de su imagen en el espejo. Pero resulta que al final descubrimos que lo que estaba mirando no era su imagen presente, sino un retrato de un hombre joven y atractivo. Mújica Láinez se encargó de dejarnos pistas que nos llevan a la conclusión de que ese retrato es el de él mismo en su juventud, o antes de que los acontecimientos (¿un accidente o la misma vejez?) le hicieran perder su belleza. Resulta clave una frase, una postura: el espejo reflejaba la imagen de un hombre apuesto con ”la mano abierta como una flor en la solapa”, la misma postura que adoptaba Serafín ante el espejo y que adoptará (“el hombre horrible, el deforme, el Narciso desesperado”) cuando esté yaciente en su lecho y los gatos, hambrientos, se dispongan a devorarlo.

jueves, 4 de junio de 2015

NARCISO, de Manuel Mújica Láinez

Aquí os traigo la lectura de la próxima semana, Narciso, un inquietante relato del escritor argentino Manuel Mújica Láinez.


LA PEÑA DEL DRAGÓN, de Alexandre Dumas, padre (II)

Si buscamos en Google, descubrimos que Rhungsdof, Koenigswinter y Drachenfelds son localizaciones reales situadas en Alemania, a orillas del río Rin. Podemos ver incluso imágenes de las ruinas y de las montañas que menciona Alexandre Dumas en este cuento. Esto no debe de extrañarnos, pues es habitual en literatura el hecho de plasmar por escrito leyendas asentadas durante décadas y/o siglos en la memoria colectiva de los pueblos de todo el mundo.


Esta leyenda habla de la existencia de un dragón, monstruo terrible, que moraba en una caverna de Drachenfelds allá por el siglo IV. Los soldados romanos entregaban un prisionero diario al dragón para que este lo devorase y calmar así su furia.

Pero resultó que dos centuriones se enamoraron de la misma doncella y se enfrentaron por su amor de manera muy violenta. El general propuso solucionar el conflicto de manera salomónica: entregarían a la joven al dragón. La chica no sería para ninguno de los dos pretendientes.

Llegado el momento, ataron a la doncella a un árbol, en el lugar que habitualmente utilizaban para los sacrificios, concediéndole la voluntad de dejarle libres las manos. Una vez se acercó el dragón, furioso y hambriento porque los romanos lo habían “puesto a dieta” la jornada anterior, la muchacha le mostró un crucifijo. Ante la imagen de Dios, el dragón, bestia infernal, huyó a refugiarse a su guarida.


Los habitantes de la zona, envalentonados ante el primer signo de debilidad del dragón y su deserción, lo persiguieron hasta su escondrijo y le plantaron fuego. Tres días tardó en morir el monstruo, lo que habla a las claras de su fortaleza.


En definitiva, Dumas padre hace en este cuento un poco de propaganda a las bondades de la fe cristiana.

jueves, 28 de mayo de 2015

LA PEÑA DEL DRAGÓN, de Alexandre Dumas (padre)

La próxima semana leeremos un breve relato de Alexandre Dumas padre, el autor de famosísimas novelas como Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo o El tulipán Negro, entre otras. El cuento en cuestión se titula La peña del dragón.


ALGUNAS PECULIARIDADES DE LOS OJOS, de Philip K. Dick (II)

¿Os habéis parado a pensar, alguna vez, qué pasaría si no fuésemos capaces de interpretar el sentido figurado (la ironía, el sarcasmo, los dobles sentidos, etc.) de lo que leemos, si interpretáramos todo de forma literal? Pues algo así es lo que le sucede al protagonista de este relato de Philip K. Dick.

La narración tiene el inicio de un trillado relato de ciencia ficción: “Descubrí por puro accidente que La Tierra había sido invadida por una forma de vida procedente de otro planeta”. Sin embargo, poco a poco nos vamos dando cuenta de que la historia transitará por otros derroteros…


El protagonista está leyendo una novela que encontró en el autobús y se ha metido tanto en sus páginas que parece haber sido abducido. Se cree las referencias textuales en las que diferentes partes del cuerpo humano aparecen personificadas, la mayor parte de ellas referidas a los ojos: “sus ojos pasearon lentamente por la habitación”, “sus ojos se movieron de una persona a otra”, “sus ojos acariciaron a Julia”, etc. y le va dando una interpretación poco tranquilizadora. Se cree que los extraterrestres han llegado para dominar La Tierra, que son capaces de adoptar forma humana, que pueden separar o arrancarse partes del cuerpo e incluso dividirse en dos para estar en dos lugares a la vez.

Y es que frases como “perder la cabeza”, “dar la mano” o “entregar el corazón” son frases de uso corriente cuyo significado todos conocemos, pero que si las interpretásemos de manera literal llegarían a ser aterradoras, monstruosas. Por este motivo, el protagonista intenta disimular sus sospechas ante su familia, para que al menos ellos no dejen de estar tranquilos.


Su paranoia llega al extremo de creer que el escritor, que el autor de la novela, es uno de los extraterrestres, a la vista de la serenidad con la que narra los hechos. Hechos nada excepcionales, por cierto, si situamos las diferentes frases en su contexto. De hecho, todo parece indicar que la novela que está leyendo es una novela romántica.

viernes, 22 de mayo de 2015

ALGUNAS PECULIARIDADES DE LOS OJOS, de Philip K. Dick

La próxima semana leeremos un relato del maestro de la ciencia ficción Philip K. Dick, conocido, sobre todo, por ser la mente creadora de la famosa Blade Runner.


El cuento en cuestión se titula Algunas peculiaridades de los ojos, y parte de una idea muy original...

jueves, 21 de mayo de 2015

SI LA GUERRA DURA DOS AÑOS MÁS, de Hermann Hesse (II)

Adam Sinclair es un escritor que tiene la extraña capacidad de poder abandonar el mundo en el que vive para explorar otras dimensiones y de regresar cuando le viene en gana. La última vez que experimentó uno de estos episodios, lo hizo harto de la situación de guerra, contexto que en aquel entonces se dilataba por espacio de tres años.

Cuando regresa a este mundo, el protagonista descubre que nada ha cambiado. Los pueblos continúan enfrentados y la destrucción, la decadencia moral y cultural, continúan instauradas en el planeta.


Con estos ingredientes, el escritor alemán Hermann Hesse traza una crítica mordaz a la guerra, el único camino que encuentran algunos gobiernos para (no) alcanzar la paz. El escritor galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1.946, convencido pacifista, despliega toda su ironía para censurar el sin sentido de unas acciones bélicas que no parecen servir para resolver conflictos, sino para castigar a la población.

[…] el sentido de la guerra. El mundo quedó dividido en dos bandos que buscaban aniquilarse mutuamente, porque ambos aspiraban a lo mismo: la la liberación de los oprimidos, la supresión de la violencia y el establecimiento de una paz duradera. Todos miraban con antipatía una paz que no pudiera durar eternamente: si la paz perpetua no era posible, se prefería decididamente la guerra perpetua […]”.

El tono es pesimista, casi resignado. No debemos olvidar que este relato data de 1.917, cuando la I Guerra Mundial estaba a punto de llegar a su fin.


Tampoco escapa de la cáustica sátira de Hesse, la burocratización a la que se ve abocada la sociedad. Cuando Sinclair es detenido simplemente por pasear sin permiso, se inicia una cadena de trámites que nos parecen ridículos. Negociados, funcionarios, interrogratorios, multas, identificaciones (placas y rótulos), prohibiciones y autorizaciones o permisos (para pasear, de defunción, etc.), cartillas de racionamiento, recomendaciones… transitan a lo largo de los párrafos para dejar en ridículo la omnipresencia del estado, que interviene en todas las esferas de la vida, sin hacer a esta más llevadera.

La humanidad tiende a la uniformidad. Pero no es esta una igualdad justa y deseable, sino que es una igualdad humillante, vejatoria. Se trata de una uniformidad “a la baja”, en la que todos son pobres (hambrientos –acostumbrados a comer pasta de papel, la remolacha es un manjar que se ofrece de contrabando-, sin calzado), en la que “el que no es soldado, es funcionario”, en la que todos piensan de la misma manera.


Tiene suerte Sinclair pues su insólito don le permite abandonar un mundo sin futuro ni esperanzas. Y así lo hace al final del texto, dejando a los gobiernos jugar a las batallitas.

jueves, 7 de mayo de 2015

SI LA GUERRA DURA DOS AÑOS MÁS, de Hermann Hesse

¿Preparados para una nueva lectura? Ya podéis acercaros al relato que ocupará nuestro Taller de Lectura la próxima semana: Si la guerra dura dos años más del Nobel de Literatura Hermann Hesse.


LA CARNE, de Virgilio Piñera (II)

Pocas veces un texto “absurdo” nos reveló  tantas cosas. Y es que, si buceas entre los inverosímiles acontecimientos descritos en este relato de Virgilio Piñera, encontrarás una ácida crítica al régimen político instituido en su país de origen, Cuba.

El texto comienza con un problema. Un pueblo no puede abastecerse de carne, lo que deriva en protestas y sublevaciones. La primera solución que se propone es pasarse a las verduras pero un individuo, el señor Anselmo, encuentra una salida carnívora a esta crisis: se corta un filete de su nalga, lo fríe en la sartén y se lo come. Se está “autoabasteciendo”.

Estas medidas resultan un éxito. El alcalde las enaltece y el pueblo las acepta y las adopta en sus propias carnes. Las disposiciones están basadas en la justicia y en la igualdad, así que es fácil que germinen: “justo era que la cosa marchase al compás, esto es, que nadie engullera un filete menos”.

No es complicado establecer un paralelismo entre esta situación surrealista y los primeros acontecimientos experimentados en la isla caribeña, bloqueada o aislada por las potencias occidentales (en especial por Estados Unidos) desde la década de los sesenta.


 Como siempre, es el pueblo el que sufre las consecuencias de una mala (o equivocada) política, pues, desde su conformismo, consiente y acomete una especie de “suicidio colectivo” o “aniquilación colectiva”. Su necesidad inmediata (la carne) está satisfecha por el momento así que ¿por qué preocuparse por otras cosas, como por ejemplo por la libertad?

Una vez se ha establecido el régimen, el régimen carnívoro pero también el régimen castrista, resulta complicado revocarlo. Los vecinos asisten alegremente al camino que les llevará a la destrucción. La oposición está sin fuerza, debilitada por los acontecimientos. Mientras, la gente devora hasta sus últimas carnes.

Es aquí donde podemos apreciar, en su plenitud, el humor aburdo, y por momentos escatológico, del que Virgilio Piñera era maestro absoluto. Menciona a unas señoras que han dejado de hablar porque se han comido su proipia lengua, otras que no pueden besarse porque realizaron unas frituras de mucho éxito con sus propios labios, el perito en desaparecidos encontró un montón de excrementos donde el hijo de la señora Orfila pegó su último bocado, etc.

En este pueblo imaginario también hay mártires. Esa figura tan apreciada en los sistemas despóticos. En este caso, se trata del bailarín del pueblo, que engulló sus dedos de los pies, la única parte del cuerpo que le quedaba, delante de la multitud. En ese momento la gente se empezó a inquietar, a ponerse seria, pero las zapatillas del artista descansarían, para disfrute de todos, en el Museo de Recuerdos ilustres.

Pero se iba viviendo, y era lo importante, ¿y si acaso…?”. De esta forma empieza el párrafo final del cuento, en el que nos encontramos con una cáustica burla a un régimen basado en la mentira y la censura. Para ello, nos fijaremos en dos recursos.


 Por un lado, Piñera juega a ser censor. Me explico, Piñera evita utilizar la palabra “morir”, o “muerto”, o similar, y las sustituye por “ocultar”, como suele hacer la prensa adscrita al gobierno.

Un segundo recurso consiste en formular preguntas que no esperan contestación pero que, si se la diéramos, harían saltar los colores a más de uno. Se evidencia aquí un descontento por parte del autor hacia muchos de sus paisanos (principalmente hacia los intelectuales), carentes de espíritu crítico y/o vendidos al poder.


La oración final es antológica: “Pero sería miserable hacer más preguntas inoportunas, y aquel pueblo estaba muy bien alimentado”.

jueves, 30 de abril de 2015

LA CARNE, de Virgilio Piñera

La próxima semana leeremos un breve cuento que ralla en lo surrealista y en lo absurdo: La carne, del escritor cubano Virgilio Piñera.


CRUCE DE CAMINOS, de Miguel de Unamuno (II)

Miguel de Unamuno tituló a este relato Cruce de caminos, un encabezado ilustrativo para la historia de dos personas que, habiendo tomado direcciones opuestas, se tropiezan en un lugar determinado del camino y deciden seguir juntos su recorrido. Es el caso de los protagonistas de este cuento; dos personas de diferentes generaciones pero con mucho en común. Él es un hombre anciano que, después de perder a su pequeña nieta, no encuentra sentido a la vida y huye de sus recuerdos, intentando pasar en paz sus últimos días. Ella es una niña que se ha quedado sola porque su abuelo ha muerto y que también escapa de sus memorias.


El texto se puede condensar en cuatro o cinco ideas principales que he estructurado en otros tantos verbos:

CAMINAR. Sin rumbo, pero con un destino ineludible, anciano y niña yerran por los caminos después de perder a la persona más querida. Parece que el único recurso que les queda para seguir adelante es tomar la dirección opuesta al lugar de donde partieron. Ya en el inicio, el destino (la muerte inevitable) está claro: “Entre dos filas de árboles, la carretera piérdese en el cielo”. Pero ambos protagonistas retan a la providencia y se pierden en un camino construido por ellos, para ellos: “por aquí, entre las flores, por los prados, por donde no hay camino”. Y así  marcharán, felices pero melancólicos, después de encontrarse y adoptarse mutuamente.

El camino es largo pero tiene un fin. “Abuelo” y “nieta”, cansados, abandonan su vida nómada al encontrar acomodo en un pueblo acogedor, donde un campanario muy humano (personificado) parece vigilarlos y protegerlos.

Pero, como diría el religioso, los designios del señor son inescrutables. La niña crece y se hace mujer; el anciano muere. Él lo sabe, acepta su suerte, la de todos nosotros. Ella se resiste, intenta convencerlo para que permanezca con ella y con su futuro esposo. Pero es ley de vida, es imposible evitar a la muerte.

REZAR.  Por todos es conocida la pugna que en la vida de Miguel de Unamuno tuvieron la fe y la razón. No es  extraño, por tanto, que en sus obras esté muy presente la religión. Esta narración, concretamente, está salpicada, en todo momento, por referencias religiosas. Los protagonistas rezan el Padrenuestro en un momento de la narración; hay referencias explícitas a acontecimientos y personajes de la Biblia: el Diluvio Universal, el Paraíso, Dios, Cristo, Noé…, y no tan explícitas pero muy evidentes a la vida eterna, la inmortalidad de las almas, el cielo, etc. No es casualidad de que la niña protagonista se llame María, como la Virgen madre de Jesús, un nombre que representa la inocencia, la pureza, el ideal…


RECORDAR. Los protagonistas intentan llenar el vacío que dejaron los fallecidos. En un principio, en respuesta a los lamentos de la niña por su abuelo, el viejo le dice a María: “Volverán a la vida y al camino”, en clara referencia a la vida eterna pero también a la posibilidad de establecer una relación en base a su recuerdo: él será abuelo para ella, ella nieta para él.
Y empezó el viejo a repasar su vida, a rezar sus recuerdos, y la niña a su vez a ensimismárselos, a hacerlos propios”.

De este modo, el abuelo y la niña que están ausentes reviven y están presentes para ellos en el otro, casi desde el momento de su encuentro fortuito, desde el momento en que el anciano entona una canción y la chiquilla la continúa, reproduciendo de este modo una escena que ambos vivieron en el pasado.

SOÑAR. Es este un relato de gente sola, desarraigada (“Miráronse a los ojos, y la niña le contó que, al morírsele su abuelo, con quien vivía sola –en soledad de compañía solos-, partió al azar de casa, buscando… no sabía que…: más soledad acaso””). Pese al tono emotivo y crepuscular del texto, Unamuno deja sitio a la esperanza. La esperanza lo que deparará el futuro, la esperanza en  las nuevas generaciones, que ocuparán el lugar dejado por los que nos abandonan. De este modo, otra canción, esta vez del pretendiente que corteja a María, abre la puerta del futuro, de una nueva familia que se va a crear.

La vida sigue.

viernes, 24 de abril de 2015

jueves, 23 de abril de 2015

LA PULGA Y EL PROFESOR, de Hans Christian Andersen (II)

Un aeronauta muere tras estrellarse el globo en el que viajaba. Su ayudante, que será el protagonista del cuento, se salva al tirarse en paracaídas. Este es el punto de partida de La pulga y el profesor, el relato que hemos leído hoy, Día del Libro, en el Taller de Lectura.

La experiencia con el mundo de la navegación aérea dejará huella en su vida. Después del accidente, nuestro amigo se queda sin blanca y sin modo de ganarse la vida, aunque sí que le quedan una serie de valiosos conocimientos sobre aeronáutica y un sueño que se convertirá en una obsesión: poseer un globo con el surcar el cielo y viajar alrededor de todo el planeta.

Llegado a este punto, el protagonista tendrá que buscarse una ocupación y el sustento. Decide hacerse actor de variedades, una especie de mago que entretiene a su audiencia con números de prestidigitación y ventriloquia. Se atribuye a sí mismo el título de "profesor", así le gustaba que le llamasen.

Guapo y elegante, enamora a una mujer que lo sigue a todas partes y que colabora con él en su espectáculo. Pero un día, su media naranja lo abandona empleando un truco de magia. El burlador burlado.

El profesor se deprime, se descuida, se abandona. Pierde su humor y también su público. De su pareja sólo le ha quedado una pulga, a la que amaestrará y convertirá en su próxima atracción.


La pulga amaestrada le da la fama. Se convierte en su sustento. Sabe presentar armas y disparar un minúsculo cañón. Se comporta y piensa como un humano.

Pulga y profesor viajan por todo el mundo y cosechan muchos éxitos. Un buen día deciden aventurarse y hacer una incursión en tierras salvajes, pobladas por caníbales, sin mucho que temer (nótese el humor, siempre presente en la narración: "En ellos se comían a los cristianos, bien lo sabía el profesor; pero no siendo él cristiano de pura cepa, ni la pulga un ser humano acabado, pensó que no había gran peligro en visitarlos [...]" y con mucho que ganar.

Hacen acto de presencia en aquellas tierras ignotas y ejecutan su número maestro. La joven princesa del país, una chica malcriada, se enamora perdidamente del insecto en cuanto le ve presentar armas y disparar el cañón. Se encapricha de la pulga y la convierte en su esposo. ¿Ridículo, verdad? Sin embargo, no nos extrañamos. En el mundo de la fantasía que puebla los cuentos todo es posible.

De este modo, la pulga se convierte en príncipe consorte. La vida transcurre de manera fenomenal para todos. Pero al profesor le pica el gusanillo de viajar y, sobre todo, la vanidad: quiere ser famoso, leer su nombre en periódicos, recibir el aplauso de gente de todo el mundo.

Así que urde un plan para escapar de las tierras salvajes. La mayor dificultad estriba en separar a la pulga de la caprichosa princesa. Pero los salvajes desconocen muchos asuntos...

El profesor se ofrece para enseñarle al rey y a sus habitantes a presentar armas. Andersen emplea la ironía y critica el belicismo de las naciones occidentales cuando escribe: "¿Quiere que le enseñe a los habitantes a presentar armas? A esto lo llaman cultura en los grandes países del mundo".


Encarga una serie de materiales (tela de seda, aguja e hilo, cuerdas, gotas estomacales para globos...) que, evidentemente servirán para construir un globo aerostático que los llevará de vuelta a la civilización.

Cuando el globo está terminado, hinchado, listo para emprender el vuelo, convoca a los salvajes y convence a la princesa para que le "preste" a la pulga, la única de los presentes capaz de dirigir el globo. Y ya nunca más los volverán a ver.

En el párrafo final es Andersen el que ejerce de "prestidigitador" empleando un truco muy viejo. Involucra al lector: "[...] Y todavía siguen esperando, y ni no lo crees, vete al país de los savajes [...]" como golpe final. Por supuesto, pulga y profesor alcanzaron la gloria después de abandonar la tierra de los salvajes.

jueves, 16 de abril de 2015

LA PULGA Y EL PROFESOR, de Hans Christian Andersen

La próxima semana nos transportaremos al mundo de la fantasía de la mano del danés Hans Christian Andersen, clásico cuentista culpable de que las viejas y nuevas generaciones hayamos soñado con clásicos como La Sirenita, El patito feo o El soldadito de plomo, entre otros.


El relato que leeremos lleva por título La pulga y el profesor. Quizá no sea tan conocido como los mencionados pero seguro que os gusta.

A IMAGEN Y SEMEJANZA, de Mario Benedetti (II)

"No somos nadie". Seguro que habéis escuchado esta expresión más un millón de veces. Pues eso es lo que pretende explicarnos el maestro uruguayo Mario Benedetti en el relato que acabamos de leer: la insignificancia de nuestras vidas dentro de este universo tan gigantesco...

A imagen y semejanza es la historia de una hormiga. Una hormiga que es separada de sus compañeras de manera accidental. La acción puede tener lugar en la mesa de un café (Benedetti no lo concreta pero hay indicios suficientes para que pensemos que es así). Un terrón de azúcar cae sobre la encimera disgregando el grupo de insectos, que emprende la retirada. Pero una hormiga, la protagonista, queda rezagada. Allí, en un entorno hostil, debe asumir una serie de retos que la pondrán a prueba. Como la vida misma.

Y es que, aunque los humanos no aparezcan de manera explícita en la narración hasta la fatídica última línea (ese pulgar que acaba con la insignificante vida de la hormiga), el factor humano está presente en el relato de principio a fin.


El objetivo último de nuestra amiga de seis patas es alcanzar el zócalo donde se refugian las de su especie y reunirse con su familia. Pero la hormiga se encontrará con infinidad de obstáculos y dificultades para lograr su propósito. En ocasiones tendrá éxito, en otras fracasará, pero siempre se mostrará perseverante ("Despues llevó a cabo su quinta operación de carga").

La hormiga está personificada. Benedetti le atribuye características propias de los seres de nuestra especie: inteligencia, tesón, temor (se hace patente en el tramo final, después de afrontar múltiples peripecias), etc. Como hacemos las personas, el insecto afronta desafíos que convierten su vida en algo estimulante. De ahí, debemos sacar una enseñanza básica: debemos asumir riesgos, aceptar los retos que se nos presenten aún a riesgo de equivocarnos, sino nuestra vida carecería del más mínimo sentido.

Repasemos las zancadillas que pone la vida a la hormiga: el terrón (cuando cae separa el grupo, cuando se rompe en dos partes, la hormiga debe decidir cuál llevarse, cuando está completamente roto...), la colilla, que supone un rodeo, un trozo de palillo o mondadientes que se interpuso en su camino pero que se convirtió en su nuevo botín, el soplo de una persona, el movimiento de la servilleta que retarda su marcha, un nudo en la madera del piso, una hendidura de apenas centímetro y medio y, finalmente, el pulgar. Todos ellos son elementos triviales para el hombre pero para la hormiga son inconvenientes magníficos. Así sucede con las trabas que aparecen en determinados momentos de nuestra vida, pueden parecer enormes pero, vistas con perspectiva, no son para tanto.


En el texto las referencias espaciales se toman desde la perspectiva de la hormiga: "Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel", "a cinco centímetros estaba el palito","el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá", "aquel abismo de centímetro y medio", "a medio metro estaba el zócalo", "a dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo". Distancias mínimas para nosotros que suponen un precipicio para un ser tan minúsculo.

Lo mismo sucede con las referencias temporales: "se quedó inmóvil durante unos segundos", "al cabo de medio minuto la faena estaba cumplida", "significó una demora de más de un minuto", "le llevó varios segundos rehacerse", pequeños espacios de tiempo que para la hormiga deben de ser una eternidad. La acción que narra Benedetti ocupa pocos minutos, a la hormiga le acontecen muchísimas cosas.

Me detengo ahora en otro elemento de la historia que puede pasar desapercibido en un primer momento y que refuerza esta interpretación del cuento. Fijémonos en las letras que aparecen escritas en la servilleta y que va pisando la hormiga. Una "N", primero, luego una "A", una "D", una "A", de nuevo. ¿Qué pretende Benedetti al "plantarnos" la palabra "NADA" en medio de su relato? Se admiten interpretaciones...

Pues esa palabra puede llevarnos al principio de esta entrada. La vida de una persona cualquiera, los acontecimientos que la "salpican", son intrascendentes.

lunes, 13 de abril de 2015

Luctuoso 13 de abril de 2015

En el día de hoy hemos conocido la muerte de dos grandes escritores del último siglo: el alemán Günter Grass, conocido por ser el autor de El tambor de hojalata (entre otras novelas) y por haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1.999, y el uruguayo Eduardo Galeano . Descansen en paz.


¿Qué gran libro se edito el año de mi nacimiento?

Hoy quiero enlazaros un contenido que me parece muy interesante. ¿Quieres saber qué clásicos de la literatura se publicaron el año de tu nacimiento? Pues en la web Qué Leer dan respuesta a esta incógnita (aunque falta alguna obra). Pincha en este enlace para descubrirlo.


jueves, 9 de abril de 2015

A IMAGEN Y SEMEJANZA, de Mario Benedetti

Nueva semana, nueva lectura. Ya podéis leer el relato que visitará nuestro Taller de Lectura el próximo jueves. Se trata de una pequeña obra maestra del talentoso escritor uruguayo Mario Benedetti que lleva por título A imagen y semejanza.


EL COCINERO CHICHIBIO, de Giovanni Boccaccio (II)

Creo que la última lectura ha gustado bastante a mis alumnos. El cocinero Chichibio es un breve cuento humorístico de Boccaccio que se deja leer con suma facilidad y que nos arranca una sonrisa.

Currado Gianflazzi es un hidalgo florentino de vida ociosa que se dedica a la cetrería y otras diversiones. Un buen día captura una grulla y decide ofrecer una cena a unos amigos. Para que el ágape no defraude a los comensales recurre al cocinero Chichibio, un hombre de vivo ingenio cuya fama con los fogones le precede.

Pero, cuando el plato está ya cocinado y huele que alimenta, aparece la aldeana Brunetta en la cocina y reclama un bocado de tan delicioso manjar. Chichibio está muy enamorado de Brunetta y, aunque en principio se niega a hacerle ese favor, acaba cediendo a sus encantos.

Y, claro, llega el momento del banquete y Currado, que es hombre de mundo, enseguida advierte que al ave le falta una extremidad.

Pide explicaciones a Chichibio y este responde, sin pensárselo dos veces, que por todos es sabido que las grullas tienen una sola pata, un solo zanco. A pesar de que Currado insiste, Chichibio sostiene su afirmación.


Para evitar dar una escena a sus invitados pero dejando clara su posición de poder sobre el chef, Currado emplaza a Chichibio para la mañana siguiente para acercarse a la albufera y comprobar in situ si las zancudas tienen una o dos patas, amenazándole con una soberana paliza si lo ha engañado (aunque sabe que así ha sido).

A la mañana siguiente, Chichibio emprende la marcha muy asustado, pues sabe que ha embaucado al señor y conoce las consecuencias. Pero el destino le ofrece una salida inesperada: un grupo de doce grullas descansa con una pata recogida, escondida entre su plumaje (esa es su forma de descansar) y el marmitón lo aprovecha para defender su teoría.

Currado emite un grito y los pájaros levantan vuelo, desplegando la extremidad escondida y apoyándose en ambas extremidades para emprender el vuelo. El embuste de Chichibio ha sido desenmascarado.

Pero Chichibio responde con agudeza y echa en cara al noble que la noche anterior, cuando tenía la grulla en la fuente, no había gritado del mismo modo que lo hizo en ese momento y que por eso el animal no había mostrado su segunda pata.

Una respuesta tan divertida e ingeniosa agradó al hidalgo que perdonó a Chichibio.

La moraleja está clara: afronta la vida y las dificultades que se te puedan presentar siempre con buen humor, pues es la mejor manera de salir airoso.