jueves, 29 de mayo de 2014

ACEITE DE PERRO, de Ambrose Bierce

Ya está disponible la lectura de la próxima semana: Aceite de perro, de Ambrose Bierce.


EL MIEDO, de Ramón María del Valle Inclán (II)

Esta semana hemos leído un texto cargado de exuberancia léxica del siempre genial escritor arousano Ramón María del Valle Inclán. En este caso, el vocabulario religioso inunda la composición, de principio a fin para causarnos impresión de solemnidad y reflejar la importancia que lo acontecido supuso en la vida del protagonista: capilla, altar, presbiterio, sepulcro, oración, examen de conciencia, nazarena, canto gregoriano, prior, paños litúrgicos, vid evangélica, devoto, milagro, epitafio, absolución, hábitos talares… Y es que en El miedo, un ya anciano noble nos narra una anécdota de tiempos de juventud que marcó su existencia y su actitud hacia la vida.

Antes de enrolarse en el cuerpo de Granaderos del Regimiento del Rey, el protagonista acude a la vieja capilla de su hacienda acompañado de su madre y de sus hermanas para confesarse y hacer examen de conciencia y así emprender libre de pecado su carrera militar.


El entorno (tiene lugar en la noche, con la luna como testigo, en una vieja y silenciosa capilla con un sepulcro) nos recuerda los tópicos modernistas de la época y nos introduce en un ambiente de misterio.

Mientras nuestro amigo espera solo, en la tribuna, la llegada del Prior para ser confesado, los gritos de sus aterradas hermanas lo despiertan de su letargo. Al bajar descubrió el motivo de sus alaridos: del sepulcro de un antiguo guerrero emergen insondables sonidos de huesos que chocan. El miedo lo paraliza.

Al momento, llega el Prior con sus lebreles y se queda muy sorprendido con la actitud del soldado. Él había también había sido granadero en sus tiempos mozos y no puede tolerar un comportamiento tan medroso en un representante de una institución de la que se siente tan orgulloso.

De este modo, obliga al chico a abrir el sepulcro y a afrontar sus temores. Unas serpientes habían criado en la calavera del difunto y el movimiento de las culebrillas hacía que los huesos del cadáver se revolviesen en su propia tumba. Como siempre sucede, el misterio tenía una explicación mundana, poco poética pero realista.



El miedo es, para el religioso, un pecado mayor que cualquier crimen. La frase final del Prior nos da buena muestra de su carácter y de su filosofía: “-Señor granadero del Rey, no hay absolución… ¡Yo no absuelvo a los cobardes!”

jueves, 22 de mayo de 2014

EL MIEDO, de Ramón María del Valle Inclán

La próxima semana continuaremos nuestro particular viaje a través de la historia universal de la literatura leyendo un cuento de un gallego ilustre, de uno de los más importantes escritores en lengua castellana, Don Ramón María del Valle Inclán. El relato lleva por título El miedo.


NOCHEBUENA ARISTOCRÁTICA, de Jacinto Benavente (II)

Hemos leído Nochebuena aristocrática, una crítica corrosiva a los convencionalismos sociales, del siempre lúcido Jacinto Benavente.

En este relato se reúnen alrededor de una mesa, para celebrar la Nochebuena, un grupo de aristócratas de la más florida nobleza española de comienzos del siglo XX: marquesas y marqueses admirados como anfitriones ideales, jóvenes, bellas y enamoradizas condesas, mecenas de las artes y sus protegidos. Tampoco puede faltar el gracioso que ameniza todas las fiestas...


Los personajes que asisten a la celebración están de cuerpo presente pero su mente, su imaginación, su alma, está muy lejos de allí. Quizá en una casa de mujeres de vida disipada , tal vez pensando en un "adonis" o un "príncipe azul" cuyo amor otra mujer le podía arrebatar, puede que acordándose de la familia que, en el caso del poeta, estaba pasando por penalidades y miserias.

Serían más felices en cualquier otro lugar pero no se atreven a desviarse de la estrecha senda que la sociedad les ha trazado. El miedo al qué dirán les impide huir del aburrimiento, de la mediocridad, de la tristeza.

Mientras tanto, otros dos de su clase, ausentes de la reunión por motivos bien distintos, disfrutan de la vida a su manera, entregados a los más bajos instintos o bien dedicando su vida a obras pías. Estos han roto la monotonía, han elegido su camino, han decidido asumir el riesgo de equivocarse, han tomado las riendas de su existencia.

jueves, 15 de mayo de 2014

NOCHEBUENA ARISTOCRÁTICA, de Jacinto Benavente

La próxima semana leeremos este relato del prolífico –en su vida llegó a escribir nada menos que 172 piezas teatrales, además de cuentos, poesías, ensayos y artículos periodísticos…- dramaturgo madrileño don Jacinto Benavente (1.896-1.954), ganador del Premio Nobel de Literatura en 1.922.


viernes, 9 de mayo de 2014

EL PODER DE LA INFANCIA, de León Tolstoi (II)

En un contexto de guerra civil, una marabunta sedienta de sangre clama por la ejecución de un preso. Como en todas las guerras, los vencedores escribirán la historia, dictarán leyes y aplicarán la justicia.

El reo afronta la hora de la muerte orgulloso, con la cabeza alta, y con grandes dosis de odio y rencor hacia los que lo van a ejecutar.

De camino al patíbulo, apreciamos que las personas, envalentonadas por los gritos de la muchedumbre, parece que no pueden esperar, que tienen prisa por ver correr la sangre del enemigo. Van a cometer un crimen igual de horrible que los que haya podido cometer el condenado.


De repente, aparece en escena un niño de seis años, ángel de la guarde del reo, que es su padre y único sustento. El crío, asustado por la barahúnda, le pregunta a su padre qué van a hacer con él. Su instinto le dice que van a hacerle daño, que ocurrirá un suceso trágico.

El reo intenta calmar y engañar al niño para que no se quede a presenciar la ejecución. Le pide a su “verdugo” que lo desate y que se haga pasar por su amigo durante unos instantes para que el pequeño abandone el lugar. Y así se hace.

Una vez que el niño desaparece entre la multitud, el preso está preparado de nuevo para encarar el fin. Sin embargo, de repente, el pueblo cambia de opinión y una mujer sugiere que deberían soltar al recluso. Todos están de acuerdo. El poder de un niño insignificante había vencido a la ira de los hombres.


Aquel hombre, antes tan frío, altanero y lleno de odio, impasible ante la muerte, lloró, se humanizó, en el momento en el que le perdonaron (le devolvieron) la vida.