jueves, 28 de mayo de 2015

LA PEÑA DEL DRAGÓN, de Alexandre Dumas (padre)

La próxima semana leeremos un breve relato de Alexandre Dumas padre, el autor de famosísimas novelas como Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo o El tulipán Negro, entre otras. El cuento en cuestión se titula La peña del dragón.


ALGUNAS PECULIARIDADES DE LOS OJOS, de Philip K. Dick (II)

¿Os habéis parado a pensar, alguna vez, qué pasaría si no fuésemos capaces de interpretar el sentido figurado (la ironía, el sarcasmo, los dobles sentidos, etc.) de lo que leemos, si interpretáramos todo de forma literal? Pues algo así es lo que le sucede al protagonista de este relato de Philip K. Dick.

La narración tiene el inicio de un trillado relato de ciencia ficción: “Descubrí por puro accidente que La Tierra había sido invadida por una forma de vida procedente de otro planeta”. Sin embargo, poco a poco nos vamos dando cuenta de que la historia transitará por otros derroteros…


El protagonista está leyendo una novela que encontró en el autobús y se ha metido tanto en sus páginas que parece haber sido abducido. Se cree las referencias textuales en las que diferentes partes del cuerpo humano aparecen personificadas, la mayor parte de ellas referidas a los ojos: “sus ojos pasearon lentamente por la habitación”, “sus ojos se movieron de una persona a otra”, “sus ojos acariciaron a Julia”, etc. y le va dando una interpretación poco tranquilizadora. Se cree que los extraterrestres han llegado para dominar La Tierra, que son capaces de adoptar forma humana, que pueden separar o arrancarse partes del cuerpo e incluso dividirse en dos para estar en dos lugares a la vez.

Y es que frases como “perder la cabeza”, “dar la mano” o “entregar el corazón” son frases de uso corriente cuyo significado todos conocemos, pero que si las interpretásemos de manera literal llegarían a ser aterradoras, monstruosas. Por este motivo, el protagonista intenta disimular sus sospechas ante su familia, para que al menos ellos no dejen de estar tranquilos.


Su paranoia llega al extremo de creer que el escritor, que el autor de la novela, es uno de los extraterrestres, a la vista de la serenidad con la que narra los hechos. Hechos nada excepcionales, por cierto, si situamos las diferentes frases en su contexto. De hecho, todo parece indicar que la novela que está leyendo es una novela romántica.

viernes, 22 de mayo de 2015

ALGUNAS PECULIARIDADES DE LOS OJOS, de Philip K. Dick

La próxima semana leeremos un relato del maestro de la ciencia ficción Philip K. Dick, conocido, sobre todo, por ser la mente creadora de la famosa Blade Runner.


El cuento en cuestión se titula Algunas peculiaridades de los ojos, y parte de una idea muy original...

jueves, 21 de mayo de 2015

SI LA GUERRA DURA DOS AÑOS MÁS, de Hermann Hesse (II)

Adam Sinclair es un escritor que tiene la extraña capacidad de poder abandonar el mundo en el que vive para explorar otras dimensiones y de regresar cuando le viene en gana. La última vez que experimentó uno de estos episodios, lo hizo harto de la situación de guerra, contexto que en aquel entonces se dilataba por espacio de tres años.

Cuando regresa a este mundo, el protagonista descubre que nada ha cambiado. Los pueblos continúan enfrentados y la destrucción, la decadencia moral y cultural, continúan instauradas en el planeta.


Con estos ingredientes, el escritor alemán Hermann Hesse traza una crítica mordaz a la guerra, el único camino que encuentran algunos gobiernos para (no) alcanzar la paz. El escritor galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1.946, convencido pacifista, despliega toda su ironía para censurar el sin sentido de unas acciones bélicas que no parecen servir para resolver conflictos, sino para castigar a la población.

[…] el sentido de la guerra. El mundo quedó dividido en dos bandos que buscaban aniquilarse mutuamente, porque ambos aspiraban a lo mismo: la la liberación de los oprimidos, la supresión de la violencia y el establecimiento de una paz duradera. Todos miraban con antipatía una paz que no pudiera durar eternamente: si la paz perpetua no era posible, se prefería decididamente la guerra perpetua […]”.

El tono es pesimista, casi resignado. No debemos olvidar que este relato data de 1.917, cuando la I Guerra Mundial estaba a punto de llegar a su fin.


Tampoco escapa de la cáustica sátira de Hesse, la burocratización a la que se ve abocada la sociedad. Cuando Sinclair es detenido simplemente por pasear sin permiso, se inicia una cadena de trámites que nos parecen ridículos. Negociados, funcionarios, interrogratorios, multas, identificaciones (placas y rótulos), prohibiciones y autorizaciones o permisos (para pasear, de defunción, etc.), cartillas de racionamiento, recomendaciones… transitan a lo largo de los párrafos para dejar en ridículo la omnipresencia del estado, que interviene en todas las esferas de la vida, sin hacer a esta más llevadera.

La humanidad tiende a la uniformidad. Pero no es esta una igualdad justa y deseable, sino que es una igualdad humillante, vejatoria. Se trata de una uniformidad “a la baja”, en la que todos son pobres (hambrientos –acostumbrados a comer pasta de papel, la remolacha es un manjar que se ofrece de contrabando-, sin calzado), en la que “el que no es soldado, es funcionario”, en la que todos piensan de la misma manera.


Tiene suerte Sinclair pues su insólito don le permite abandonar un mundo sin futuro ni esperanzas. Y así lo hace al final del texto, dejando a los gobiernos jugar a las batallitas.

jueves, 7 de mayo de 2015

SI LA GUERRA DURA DOS AÑOS MÁS, de Hermann Hesse

¿Preparados para una nueva lectura? Ya podéis acercaros al relato que ocupará nuestro Taller de Lectura la próxima semana: Si la guerra dura dos años más del Nobel de Literatura Hermann Hesse.


LA CARNE, de Virgilio Piñera (II)

Pocas veces un texto “absurdo” nos reveló  tantas cosas. Y es que, si buceas entre los inverosímiles acontecimientos descritos en este relato de Virgilio Piñera, encontrarás una ácida crítica al régimen político instituido en su país de origen, Cuba.

El texto comienza con un problema. Un pueblo no puede abastecerse de carne, lo que deriva en protestas y sublevaciones. La primera solución que se propone es pasarse a las verduras pero un individuo, el señor Anselmo, encuentra una salida carnívora a esta crisis: se corta un filete de su nalga, lo fríe en la sartén y se lo come. Se está “autoabasteciendo”.

Estas medidas resultan un éxito. El alcalde las enaltece y el pueblo las acepta y las adopta en sus propias carnes. Las disposiciones están basadas en la justicia y en la igualdad, así que es fácil que germinen: “justo era que la cosa marchase al compás, esto es, que nadie engullera un filete menos”.

No es complicado establecer un paralelismo entre esta situación surrealista y los primeros acontecimientos experimentados en la isla caribeña, bloqueada o aislada por las potencias occidentales (en especial por Estados Unidos) desde la década de los sesenta.


 Como siempre, es el pueblo el que sufre las consecuencias de una mala (o equivocada) política, pues, desde su conformismo, consiente y acomete una especie de “suicidio colectivo” o “aniquilación colectiva”. Su necesidad inmediata (la carne) está satisfecha por el momento así que ¿por qué preocuparse por otras cosas, como por ejemplo por la libertad?

Una vez se ha establecido el régimen, el régimen carnívoro pero también el régimen castrista, resulta complicado revocarlo. Los vecinos asisten alegremente al camino que les llevará a la destrucción. La oposición está sin fuerza, debilitada por los acontecimientos. Mientras, la gente devora hasta sus últimas carnes.

Es aquí donde podemos apreciar, en su plenitud, el humor aburdo, y por momentos escatológico, del que Virgilio Piñera era maestro absoluto. Menciona a unas señoras que han dejado de hablar porque se han comido su proipia lengua, otras que no pueden besarse porque realizaron unas frituras de mucho éxito con sus propios labios, el perito en desaparecidos encontró un montón de excrementos donde el hijo de la señora Orfila pegó su último bocado, etc.

En este pueblo imaginario también hay mártires. Esa figura tan apreciada en los sistemas despóticos. En este caso, se trata del bailarín del pueblo, que engulló sus dedos de los pies, la única parte del cuerpo que le quedaba, delante de la multitud. En ese momento la gente se empezó a inquietar, a ponerse seria, pero las zapatillas del artista descansarían, para disfrute de todos, en el Museo de Recuerdos ilustres.

Pero se iba viviendo, y era lo importante, ¿y si acaso…?”. De esta forma empieza el párrafo final del cuento, en el que nos encontramos con una cáustica burla a un régimen basado en la mentira y la censura. Para ello, nos fijaremos en dos recursos.


 Por un lado, Piñera juega a ser censor. Me explico, Piñera evita utilizar la palabra “morir”, o “muerto”, o similar, y las sustituye por “ocultar”, como suele hacer la prensa adscrita al gobierno.

Un segundo recurso consiste en formular preguntas que no esperan contestación pero que, si se la diéramos, harían saltar los colores a más de uno. Se evidencia aquí un descontento por parte del autor hacia muchos de sus paisanos (principalmente hacia los intelectuales), carentes de espíritu crítico y/o vendidos al poder.


La oración final es antológica: “Pero sería miserable hacer más preguntas inoportunas, y aquel pueblo estaba muy bien alimentado”.