jueves, 16 de abril de 2015

A IMAGEN Y SEMEJANZA, de Mario Benedetti (II)

"No somos nadie". Seguro que habéis escuchado esta expresión más un millón de veces. Pues eso es lo que pretende explicarnos el maestro uruguayo Mario Benedetti en el relato que acabamos de leer: la insignificancia de nuestras vidas dentro de este universo tan gigantesco...

A imagen y semejanza es la historia de una hormiga. Una hormiga que es separada de sus compañeras de manera accidental. La acción puede tener lugar en la mesa de un café (Benedetti no lo concreta pero hay indicios suficientes para que pensemos que es así). Un terrón de azúcar cae sobre la encimera disgregando el grupo de insectos, que emprende la retirada. Pero una hormiga, la protagonista, queda rezagada. Allí, en un entorno hostil, debe asumir una serie de retos que la pondrán a prueba. Como la vida misma.

Y es que, aunque los humanos no aparezcan de manera explícita en la narración hasta la fatídica última línea (ese pulgar que acaba con la insignificante vida de la hormiga), el factor humano está presente en el relato de principio a fin.


El objetivo último de nuestra amiga de seis patas es alcanzar el zócalo donde se refugian las de su especie y reunirse con su familia. Pero la hormiga se encontrará con infinidad de obstáculos y dificultades para lograr su propósito. En ocasiones tendrá éxito, en otras fracasará, pero siempre se mostrará perseverante ("Despues llevó a cabo su quinta operación de carga").

La hormiga está personificada. Benedetti le atribuye características propias de los seres de nuestra especie: inteligencia, tesón, temor (se hace patente en el tramo final, después de afrontar múltiples peripecias), etc. Como hacemos las personas, el insecto afronta desafíos que convierten su vida en algo estimulante. De ahí, debemos sacar una enseñanza básica: debemos asumir riesgos, aceptar los retos que se nos presenten aún a riesgo de equivocarnos, sino nuestra vida carecería del más mínimo sentido.

Repasemos las zancadillas que pone la vida a la hormiga: el terrón (cuando cae separa el grupo, cuando se rompe en dos partes, la hormiga debe decidir cuál llevarse, cuando está completamente roto...), la colilla, que supone un rodeo, un trozo de palillo o mondadientes que se interpuso en su camino pero que se convirtió en su nuevo botín, el soplo de una persona, el movimiento de la servilleta que retarda su marcha, un nudo en la madera del piso, una hendidura de apenas centímetro y medio y, finalmente, el pulgar. Todos ellos son elementos triviales para el hombre pero para la hormiga son inconvenientes magníficos. Así sucede con las trabas que aparecen en determinados momentos de nuestra vida, pueden parecer enormes pero, vistas con perspectiva, no son para tanto.


En el texto las referencias espaciales se toman desde la perspectiva de la hormiga: "Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel", "a cinco centímetros estaba el palito","el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá", "aquel abismo de centímetro y medio", "a medio metro estaba el zócalo", "a dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo". Distancias mínimas para nosotros que suponen un precipicio para un ser tan minúsculo.

Lo mismo sucede con las referencias temporales: "se quedó inmóvil durante unos segundos", "al cabo de medio minuto la faena estaba cumplida", "significó una demora de más de un minuto", "le llevó varios segundos rehacerse", pequeños espacios de tiempo que para la hormiga deben de ser una eternidad. La acción que narra Benedetti ocupa pocos minutos, a la hormiga le acontecen muchísimas cosas.

Me detengo ahora en otro elemento de la historia que puede pasar desapercibido en un primer momento y que refuerza esta interpretación del cuento. Fijémonos en las letras que aparecen escritas en la servilleta y que va pisando la hormiga. Una "N", primero, luego una "A", una "D", una "A", de nuevo. ¿Qué pretende Benedetti al "plantarnos" la palabra "NADA" en medio de su relato? Se admiten interpretaciones...

Pues esa palabra puede llevarnos al principio de esta entrada. La vida de una persona cualquiera, los acontecimientos que la "salpican", son intrascendentes.

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