jueves, 18 de junio de 2015

UN ARTISTA, de Manuel Mújica Laíenez (II)

Pese a los ornatos y afeites en forma de referencias a figuras históricas del pasado (Athenais, Irene, Justiniano, Asurbanipal…), este relato de Mújica Láinez esconde una historia bien sencilla.

La acción se desarrolla en la “Hostería de la Manzana de Adán” (curiosa referencia al pecado original…), un antro reservado para escritores y bohemios. Allí, el narrador conoce, e inmediatamente se siente embelesado por su aspecto y conversación, a Diego Narbona, un pintor de talento, un verdadero artista, al que el éxito ha dado, injustamente, la espalda.

Su conversación versa sobre el arte del virtuoso, sobre sus ideales, sobre su vida azarosa y miserable… Era un hombre culto y de enorme talento al que no se le habían reconocido sus méritos.


Cuando Narbona abandonó el establecimiento, el relator aún quedó largo rato bajo su influjo. Pero, de repente, una frágil y hermosa dama irrumpió llorando. Sangraba. Su marido le había pegado y, al parecer, era esta una escena recurrente. Su falta, muy leve: haber dejado que se quemara la tortilla.

Indignado, nuestro amigo se pregunta quién habrá sido el salvaje capaz de abusar de una criatura tan indefensa, le entran incluso ganas de ajustarle las cuentas al indeseable. Cuál es su sorpresa cuando le comunican que el marido es el mismo Diego Narbona al que minutos antes había admirado.


Diego Narbona es un artista. Diego Narbona es un maltratador. Diego Narbona es un lobo con piel de cordero.

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