jueves, 4 de junio de 2015

LA PEÑA DEL DRAGÓN, de Alexandre Dumas, padre (II)

Si buscamos en Google, descubrimos que Rhungsdof, Koenigswinter y Drachenfelds son localizaciones reales situadas en Alemania, a orillas del río Rin. Podemos ver incluso imágenes de las ruinas y de las montañas que menciona Alexandre Dumas en este cuento. Esto no debe de extrañarnos, pues es habitual en literatura el hecho de plasmar por escrito leyendas asentadas durante décadas y/o siglos en la memoria colectiva de los pueblos de todo el mundo.


Esta leyenda habla de la existencia de un dragón, monstruo terrible, que moraba en una caverna de Drachenfelds allá por el siglo IV. Los soldados romanos entregaban un prisionero diario al dragón para que este lo devorase y calmar así su furia.

Pero resultó que dos centuriones se enamoraron de la misma doncella y se enfrentaron por su amor de manera muy violenta. El general propuso solucionar el conflicto de manera salomónica: entregarían a la joven al dragón. La chica no sería para ninguno de los dos pretendientes.

Llegado el momento, ataron a la doncella a un árbol, en el lugar que habitualmente utilizaban para los sacrificios, concediéndole la voluntad de dejarle libres las manos. Una vez se acercó el dragón, furioso y hambriento porque los romanos lo habían “puesto a dieta” la jornada anterior, la muchacha le mostró un crucifijo. Ante la imagen de Dios, el dragón, bestia infernal, huyó a refugiarse a su guarida.


Los habitantes de la zona, envalentonados ante el primer signo de debilidad del dragón y su deserción, lo persiguieron hasta su escondrijo y le plantaron fuego. Tres días tardó en morir el monstruo, lo que habla a las claras de su fortaleza.


En definitiva, Dumas padre hace en este cuento un poco de propaganda a las bondades de la fe cristiana.

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