jueves, 30 de abril de 2015

LA CARNE, de Virgilio Piñera

La próxima semana leeremos un breve cuento que ralla en lo surrealista y en lo absurdo: La carne, del escritor cubano Virgilio Piñera.


CRUCE DE CAMINOS, de Miguel de Unamuno (II)

Miguel de Unamuno tituló a este relato Cruce de caminos, un encabezado ilustrativo para la historia de dos personas que, habiendo tomado direcciones opuestas, se tropiezan en un lugar determinado del camino y deciden seguir juntos su recorrido. Es el caso de los protagonistas de este cuento; dos personas de diferentes generaciones pero con mucho en común. Él es un hombre anciano que, después de perder a su pequeña nieta, no encuentra sentido a la vida y huye de sus recuerdos, intentando pasar en paz sus últimos días. Ella es una niña que se ha quedado sola porque su abuelo ha muerto y que también escapa de sus memorias.


El texto se puede condensar en cuatro o cinco ideas principales que he estructurado en otros tantos verbos:

CAMINAR. Sin rumbo, pero con un destino ineludible, anciano y niña yerran por los caminos después de perder a la persona más querida. Parece que el único recurso que les queda para seguir adelante es tomar la dirección opuesta al lugar de donde partieron. Ya en el inicio, el destino (la muerte inevitable) está claro: “Entre dos filas de árboles, la carretera piérdese en el cielo”. Pero ambos protagonistas retan a la providencia y se pierden en un camino construido por ellos, para ellos: “por aquí, entre las flores, por los prados, por donde no hay camino”. Y así  marcharán, felices pero melancólicos, después de encontrarse y adoptarse mutuamente.

El camino es largo pero tiene un fin. “Abuelo” y “nieta”, cansados, abandonan su vida nómada al encontrar acomodo en un pueblo acogedor, donde un campanario muy humano (personificado) parece vigilarlos y protegerlos.

Pero, como diría el religioso, los designios del señor son inescrutables. La niña crece y se hace mujer; el anciano muere. Él lo sabe, acepta su suerte, la de todos nosotros. Ella se resiste, intenta convencerlo para que permanezca con ella y con su futuro esposo. Pero es ley de vida, es imposible evitar a la muerte.

REZAR.  Por todos es conocida la pugna que en la vida de Miguel de Unamuno tuvieron la fe y la razón. No es  extraño, por tanto, que en sus obras esté muy presente la religión. Esta narración, concretamente, está salpicada, en todo momento, por referencias religiosas. Los protagonistas rezan el Padrenuestro en un momento de la narración; hay referencias explícitas a acontecimientos y personajes de la Biblia: el Diluvio Universal, el Paraíso, Dios, Cristo, Noé…, y no tan explícitas pero muy evidentes a la vida eterna, la inmortalidad de las almas, el cielo, etc. No es casualidad de que la niña protagonista se llame María, como la Virgen madre de Jesús, un nombre que representa la inocencia, la pureza, el ideal…


RECORDAR. Los protagonistas intentan llenar el vacío que dejaron los fallecidos. En un principio, en respuesta a los lamentos de la niña por su abuelo, el viejo le dice a María: “Volverán a la vida y al camino”, en clara referencia a la vida eterna pero también a la posibilidad de establecer una relación en base a su recuerdo: él será abuelo para ella, ella nieta para él.
Y empezó el viejo a repasar su vida, a rezar sus recuerdos, y la niña a su vez a ensimismárselos, a hacerlos propios”.

De este modo, el abuelo y la niña que están ausentes reviven y están presentes para ellos en el otro, casi desde el momento de su encuentro fortuito, desde el momento en que el anciano entona una canción y la chiquilla la continúa, reproduciendo de este modo una escena que ambos vivieron en el pasado.

SOÑAR. Es este un relato de gente sola, desarraigada (“Miráronse a los ojos, y la niña le contó que, al morírsele su abuelo, con quien vivía sola –en soledad de compañía solos-, partió al azar de casa, buscando… no sabía que…: más soledad acaso””). Pese al tono emotivo y crepuscular del texto, Unamuno deja sitio a la esperanza. La esperanza lo que deparará el futuro, la esperanza en  las nuevas generaciones, que ocuparán el lugar dejado por los que nos abandonan. De este modo, otra canción, esta vez del pretendiente que corteja a María, abre la puerta del futuro, de una nueva familia que se va a crear.

La vida sigue.

viernes, 24 de abril de 2015

jueves, 23 de abril de 2015

LA PULGA Y EL PROFESOR, de Hans Christian Andersen (II)

Un aeronauta muere tras estrellarse el globo en el que viajaba. Su ayudante, que será el protagonista del cuento, se salva al tirarse en paracaídas. Este es el punto de partida de La pulga y el profesor, el relato que hemos leído hoy, Día del Libro, en el Taller de Lectura.

La experiencia con el mundo de la navegación aérea dejará huella en su vida. Después del accidente, nuestro amigo se queda sin blanca y sin modo de ganarse la vida, aunque sí que le quedan una serie de valiosos conocimientos sobre aeronáutica y un sueño que se convertirá en una obsesión: poseer un globo con el surcar el cielo y viajar alrededor de todo el planeta.

Llegado a este punto, el protagonista tendrá que buscarse una ocupación y el sustento. Decide hacerse actor de variedades, una especie de mago que entretiene a su audiencia con números de prestidigitación y ventriloquia. Se atribuye a sí mismo el título de "profesor", así le gustaba que le llamasen.

Guapo y elegante, enamora a una mujer que lo sigue a todas partes y que colabora con él en su espectáculo. Pero un día, su media naranja lo abandona empleando un truco de magia. El burlador burlado.

El profesor se deprime, se descuida, se abandona. Pierde su humor y también su público. De su pareja sólo le ha quedado una pulga, a la que amaestrará y convertirá en su próxima atracción.


La pulga amaestrada le da la fama. Se convierte en su sustento. Sabe presentar armas y disparar un minúsculo cañón. Se comporta y piensa como un humano.

Pulga y profesor viajan por todo el mundo y cosechan muchos éxitos. Un buen día deciden aventurarse y hacer una incursión en tierras salvajes, pobladas por caníbales, sin mucho que temer (nótese el humor, siempre presente en la narración: "En ellos se comían a los cristianos, bien lo sabía el profesor; pero no siendo él cristiano de pura cepa, ni la pulga un ser humano acabado, pensó que no había gran peligro en visitarlos [...]" y con mucho que ganar.

Hacen acto de presencia en aquellas tierras ignotas y ejecutan su número maestro. La joven princesa del país, una chica malcriada, se enamora perdidamente del insecto en cuanto le ve presentar armas y disparar el cañón. Se encapricha de la pulga y la convierte en su esposo. ¿Ridículo, verdad? Sin embargo, no nos extrañamos. En el mundo de la fantasía que puebla los cuentos todo es posible.

De este modo, la pulga se convierte en príncipe consorte. La vida transcurre de manera fenomenal para todos. Pero al profesor le pica el gusanillo de viajar y, sobre todo, la vanidad: quiere ser famoso, leer su nombre en periódicos, recibir el aplauso de gente de todo el mundo.

Así que urde un plan para escapar de las tierras salvajes. La mayor dificultad estriba en separar a la pulga de la caprichosa princesa. Pero los salvajes desconocen muchos asuntos...

El profesor se ofrece para enseñarle al rey y a sus habitantes a presentar armas. Andersen emplea la ironía y critica el belicismo de las naciones occidentales cuando escribe: "¿Quiere que le enseñe a los habitantes a presentar armas? A esto lo llaman cultura en los grandes países del mundo".


Encarga una serie de materiales (tela de seda, aguja e hilo, cuerdas, gotas estomacales para globos...) que, evidentemente servirán para construir un globo aerostático que los llevará de vuelta a la civilización.

Cuando el globo está terminado, hinchado, listo para emprender el vuelo, convoca a los salvajes y convence a la princesa para que le "preste" a la pulga, la única de los presentes capaz de dirigir el globo. Y ya nunca más los volverán a ver.

En el párrafo final es Andersen el que ejerce de "prestidigitador" empleando un truco muy viejo. Involucra al lector: "[...] Y todavía siguen esperando, y ni no lo crees, vete al país de los savajes [...]" como golpe final. Por supuesto, pulga y profesor alcanzaron la gloria después de abandonar la tierra de los salvajes.

jueves, 16 de abril de 2015

LA PULGA Y EL PROFESOR, de Hans Christian Andersen

La próxima semana nos transportaremos al mundo de la fantasía de la mano del danés Hans Christian Andersen, clásico cuentista culpable de que las viejas y nuevas generaciones hayamos soñado con clásicos como La Sirenita, El patito feo o El soldadito de plomo, entre otros.


El relato que leeremos lleva por título La pulga y el profesor. Quizá no sea tan conocido como los mencionados pero seguro que os gusta.

A IMAGEN Y SEMEJANZA, de Mario Benedetti (II)

"No somos nadie". Seguro que habéis escuchado esta expresión más un millón de veces. Pues eso es lo que pretende explicarnos el maestro uruguayo Mario Benedetti en el relato que acabamos de leer: la insignificancia de nuestras vidas dentro de este universo tan gigantesco...

A imagen y semejanza es la historia de una hormiga. Una hormiga que es separada de sus compañeras de manera accidental. La acción puede tener lugar en la mesa de un café (Benedetti no lo concreta pero hay indicios suficientes para que pensemos que es así). Un terrón de azúcar cae sobre la encimera disgregando el grupo de insectos, que emprende la retirada. Pero una hormiga, la protagonista, queda rezagada. Allí, en un entorno hostil, debe asumir una serie de retos que la pondrán a prueba. Como la vida misma.

Y es que, aunque los humanos no aparezcan de manera explícita en la narración hasta la fatídica última línea (ese pulgar que acaba con la insignificante vida de la hormiga), el factor humano está presente en el relato de principio a fin.


El objetivo último de nuestra amiga de seis patas es alcanzar el zócalo donde se refugian las de su especie y reunirse con su familia. Pero la hormiga se encontrará con infinidad de obstáculos y dificultades para lograr su propósito. En ocasiones tendrá éxito, en otras fracasará, pero siempre se mostrará perseverante ("Despues llevó a cabo su quinta operación de carga").

La hormiga está personificada. Benedetti le atribuye características propias de los seres de nuestra especie: inteligencia, tesón, temor (se hace patente en el tramo final, después de afrontar múltiples peripecias), etc. Como hacemos las personas, el insecto afronta desafíos que convierten su vida en algo estimulante. De ahí, debemos sacar una enseñanza básica: debemos asumir riesgos, aceptar los retos que se nos presenten aún a riesgo de equivocarnos, sino nuestra vida carecería del más mínimo sentido.

Repasemos las zancadillas que pone la vida a la hormiga: el terrón (cuando cae separa el grupo, cuando se rompe en dos partes, la hormiga debe decidir cuál llevarse, cuando está completamente roto...), la colilla, que supone un rodeo, un trozo de palillo o mondadientes que se interpuso en su camino pero que se convirtió en su nuevo botín, el soplo de una persona, el movimiento de la servilleta que retarda su marcha, un nudo en la madera del piso, una hendidura de apenas centímetro y medio y, finalmente, el pulgar. Todos ellos son elementos triviales para el hombre pero para la hormiga son inconvenientes magníficos. Así sucede con las trabas que aparecen en determinados momentos de nuestra vida, pueden parecer enormes pero, vistas con perspectiva, no son para tanto.


En el texto las referencias espaciales se toman desde la perspectiva de la hormiga: "Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel", "a cinco centímetros estaba el palito","el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá", "aquel abismo de centímetro y medio", "a medio metro estaba el zócalo", "a dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo". Distancias mínimas para nosotros que suponen un precipicio para un ser tan minúsculo.

Lo mismo sucede con las referencias temporales: "se quedó inmóvil durante unos segundos", "al cabo de medio minuto la faena estaba cumplida", "significó una demora de más de un minuto", "le llevó varios segundos rehacerse", pequeños espacios de tiempo que para la hormiga deben de ser una eternidad. La acción que narra Benedetti ocupa pocos minutos, a la hormiga le acontecen muchísimas cosas.

Me detengo ahora en otro elemento de la historia que puede pasar desapercibido en un primer momento y que refuerza esta interpretación del cuento. Fijémonos en las letras que aparecen escritas en la servilleta y que va pisando la hormiga. Una "N", primero, luego una "A", una "D", una "A", de nuevo. ¿Qué pretende Benedetti al "plantarnos" la palabra "NADA" en medio de su relato? Se admiten interpretaciones...

Pues esa palabra puede llevarnos al principio de esta entrada. La vida de una persona cualquiera, los acontecimientos que la "salpican", son intrascendentes.

lunes, 13 de abril de 2015

Luctuoso 13 de abril de 2015

En el día de hoy hemos conocido la muerte de dos grandes escritores del último siglo: el alemán Günter Grass, conocido por ser el autor de El tambor de hojalata (entre otras novelas) y por haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1.999, y el uruguayo Eduardo Galeano . Descansen en paz.


¿Qué gran libro se edito el año de mi nacimiento?

Hoy quiero enlazaros un contenido que me parece muy interesante. ¿Quieres saber qué clásicos de la literatura se publicaron el año de tu nacimiento? Pues en la web Qué Leer dan respuesta a esta incógnita (aunque falta alguna obra). Pincha en este enlace para descubrirlo.


jueves, 9 de abril de 2015

A IMAGEN Y SEMEJANZA, de Mario Benedetti

Nueva semana, nueva lectura. Ya podéis leer el relato que visitará nuestro Taller de Lectura el próximo jueves. Se trata de una pequeña obra maestra del talentoso escritor uruguayo Mario Benedetti que lleva por título A imagen y semejanza.


EL COCINERO CHICHIBIO, de Giovanni Boccaccio (II)

Creo que la última lectura ha gustado bastante a mis alumnos. El cocinero Chichibio es un breve cuento humorístico de Boccaccio que se deja leer con suma facilidad y que nos arranca una sonrisa.

Currado Gianflazzi es un hidalgo florentino de vida ociosa que se dedica a la cetrería y otras diversiones. Un buen día captura una grulla y decide ofrecer una cena a unos amigos. Para que el ágape no defraude a los comensales recurre al cocinero Chichibio, un hombre de vivo ingenio cuya fama con los fogones le precede.

Pero, cuando el plato está ya cocinado y huele que alimenta, aparece la aldeana Brunetta en la cocina y reclama un bocado de tan delicioso manjar. Chichibio está muy enamorado de Brunetta y, aunque en principio se niega a hacerle ese favor, acaba cediendo a sus encantos.

Y, claro, llega el momento del banquete y Currado, que es hombre de mundo, enseguida advierte que al ave le falta una extremidad.

Pide explicaciones a Chichibio y este responde, sin pensárselo dos veces, que por todos es sabido que las grullas tienen una sola pata, un solo zanco. A pesar de que Currado insiste, Chichibio sostiene su afirmación.


Para evitar dar una escena a sus invitados pero dejando clara su posición de poder sobre el chef, Currado emplaza a Chichibio para la mañana siguiente para acercarse a la albufera y comprobar in situ si las zancudas tienen una o dos patas, amenazándole con una soberana paliza si lo ha engañado (aunque sabe que así ha sido).

A la mañana siguiente, Chichibio emprende la marcha muy asustado, pues sabe que ha embaucado al señor y conoce las consecuencias. Pero el destino le ofrece una salida inesperada: un grupo de doce grullas descansa con una pata recogida, escondida entre su plumaje (esa es su forma de descansar) y el marmitón lo aprovecha para defender su teoría.

Currado emite un grito y los pájaros levantan vuelo, desplegando la extremidad escondida y apoyándose en ambas extremidades para emprender el vuelo. El embuste de Chichibio ha sido desenmascarado.

Pero Chichibio responde con agudeza y echa en cara al noble que la noche anterior, cuando tenía la grulla en la fuente, no había gritado del mismo modo que lo hizo en ese momento y que por eso el animal no había mostrado su segunda pata.

Una respuesta tan divertida e ingeniosa agradó al hidalgo que perdonó a Chichibio.

La moraleja está clara: afronta la vida y las dificultades que se te puedan presentar siempre con buen humor, pues es la mejor manera de salir airoso.