jueves, 30 de abril de 2015

CRUCE DE CAMINOS, de Miguel de Unamuno (II)

Miguel de Unamuno tituló a este relato Cruce de caminos, un encabezado ilustrativo para la historia de dos personas que, habiendo tomado direcciones opuestas, se tropiezan en un lugar determinado del camino y deciden seguir juntos su recorrido. Es el caso de los protagonistas de este cuento; dos personas de diferentes generaciones pero con mucho en común. Él es un hombre anciano que, después de perder a su pequeña nieta, no encuentra sentido a la vida y huye de sus recuerdos, intentando pasar en paz sus últimos días. Ella es una niña que se ha quedado sola porque su abuelo ha muerto y que también escapa de sus memorias.


El texto se puede condensar en cuatro o cinco ideas principales que he estructurado en otros tantos verbos:

CAMINAR. Sin rumbo, pero con un destino ineludible, anciano y niña yerran por los caminos después de perder a la persona más querida. Parece que el único recurso que les queda para seguir adelante es tomar la dirección opuesta al lugar de donde partieron. Ya en el inicio, el destino (la muerte inevitable) está claro: “Entre dos filas de árboles, la carretera piérdese en el cielo”. Pero ambos protagonistas retan a la providencia y se pierden en un camino construido por ellos, para ellos: “por aquí, entre las flores, por los prados, por donde no hay camino”. Y así  marcharán, felices pero melancólicos, después de encontrarse y adoptarse mutuamente.

El camino es largo pero tiene un fin. “Abuelo” y “nieta”, cansados, abandonan su vida nómada al encontrar acomodo en un pueblo acogedor, donde un campanario muy humano (personificado) parece vigilarlos y protegerlos.

Pero, como diría el religioso, los designios del señor son inescrutables. La niña crece y se hace mujer; el anciano muere. Él lo sabe, acepta su suerte, la de todos nosotros. Ella se resiste, intenta convencerlo para que permanezca con ella y con su futuro esposo. Pero es ley de vida, es imposible evitar a la muerte.

REZAR.  Por todos es conocida la pugna que en la vida de Miguel de Unamuno tuvieron la fe y la razón. No es  extraño, por tanto, que en sus obras esté muy presente la religión. Esta narración, concretamente, está salpicada, en todo momento, por referencias religiosas. Los protagonistas rezan el Padrenuestro en un momento de la narración; hay referencias explícitas a acontecimientos y personajes de la Biblia: el Diluvio Universal, el Paraíso, Dios, Cristo, Noé…, y no tan explícitas pero muy evidentes a la vida eterna, la inmortalidad de las almas, el cielo, etc. No es casualidad de que la niña protagonista se llame María, como la Virgen madre de Jesús, un nombre que representa la inocencia, la pureza, el ideal…


RECORDAR. Los protagonistas intentan llenar el vacío que dejaron los fallecidos. En un principio, en respuesta a los lamentos de la niña por su abuelo, el viejo le dice a María: “Volverán a la vida y al camino”, en clara referencia a la vida eterna pero también a la posibilidad de establecer una relación en base a su recuerdo: él será abuelo para ella, ella nieta para él.
Y empezó el viejo a repasar su vida, a rezar sus recuerdos, y la niña a su vez a ensimismárselos, a hacerlos propios”.

De este modo, el abuelo y la niña que están ausentes reviven y están presentes para ellos en el otro, casi desde el momento de su encuentro fortuito, desde el momento en que el anciano entona una canción y la chiquilla la continúa, reproduciendo de este modo una escena que ambos vivieron en el pasado.

SOÑAR. Es este un relato de gente sola, desarraigada (“Miráronse a los ojos, y la niña le contó que, al morírsele su abuelo, con quien vivía sola –en soledad de compañía solos-, partió al azar de casa, buscando… no sabía que…: más soledad acaso””). Pese al tono emotivo y crepuscular del texto, Unamuno deja sitio a la esperanza. La esperanza lo que deparará el futuro, la esperanza en  las nuevas generaciones, que ocuparán el lugar dejado por los que nos abandonan. De este modo, otra canción, esta vez del pretendiente que corteja a María, abre la puerta del futuro, de una nueva familia que se va a crear.

La vida sigue.

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