jueves, 12 de noviembre de 2015

UN EXPRESO DEL FUTURO, de Juliuo Verne (II)

No es nada nuevo que un escritor narre una historia que finalmente resulta ser un sueño. Tampoco es extraño que un invento o descubrimiento anticipado en un relato de ciencia ficción llegue a hacerse realidad muchos años después. En este cuento de Julio Verne se da la primera condición, la segunda, a pesar de los enormes avances de la tecnología, parece estar todavía muy lejos.

Un expreso del futuro es la historia de un hombre que está leyendo un artículo en una revista que habla sobre los extraordinarios proyectos de un tal Coronel Pierce, unos proyectos que consisten en unir las localidades de Boston (EE.UU.) y Londres (Gran Bretaña) a través de unos tubos subterráneos que atravesarían el océano Atlántico.


El relato empieza con una advertencia: “Ande con cuidado –gritó mi guía-. ¡Hay un escalón!”, que bien podría ponernos en guardia ante la posibilidad de que todo lo que viene a continuación sea una farsa, ficción al fin y al cabo.

Verne no ahorra en detalles. Describe el aspecto del nuevo artefacto y explica detenidamente los materiales necesarios para su construcción, su peso, el número de barcos y de viajes implicados en el transporte de los materiales, cómo funciona, qué velocidad alcanza, su aspecto, el número de plazas de las que dispone e incluso el modo de solucionar posibles problemas o inconvenientes de su funcionamiento. Esta enorme cantidad de datos y de detalles ayudan a aportar verismo a la historia, el lector ve factible que utopía semejante puede llegar a producirse.


El protagonista de la acción llega incluso a participar en una demostración, a experimentar la experiencia de viajar por el interior de esos tubos a mil ochocientos kilómetros por hora. Hasta que la lluvia lo despierta de su siesta.

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