lunes, 14 de marzo de 2016

LA CRONOLOGÍA VIVIENTE, de Antón Chejov

Para muchos, la diferencia de edad es un factor a tener en cuenta a la hora de unirse en matrimonio. De los peligros de una unión entre personas de diferente edad nos han avisado muchos escritores a lo largo de la historia de la Literatura. Precisamente de esto nos advierte Antón Chejov en La cronología viviente.

El ya viejo consejero palaciego Charamúkin recibe en su hogar la visita del gobernador Lobnief. Ambos mantienen una conversación en la que el primero recuerda con añoranza los tiempos pasados, tiempos en los que la vida social y cultural era mucho más animada, tiempos en los que él mismo era facilitador y cooperante para que la sociedad tuviese agradables pasatiempos.

De este modo, recuerda la visita del tenor Prilipchin, la del actor trágico Ruggiero, se acuerda de la fiesta que, junto a su mujer, ofreció en favor de los heridos turcos o del espectáculo que ambos organizaron a beneficio de las víctimas de un incendio.


Charamúkin recuerda perfectamente las personas y los hechos pero su memoria no es ya tan buena y no sabe precisar las fechas. Por eso pide ayuda a su esposa, Ana Pavlovna, mucho más joven que él, para que detalle exactamente el año en que cada uno de estos acontecimientos tuvo lugar.

Curiosamente, las fechas coinciden con la concepción de cada uno de los cuatro hijos del consejero (Nadia, Nina, Kola y Vania). No es casualidad pues, como Chejov nos sabe insinuar con maestría, su esposa le ha sido infiel. No una vez sino, al menos, cuatro. Difícil que ella pudiese olvidar el momento en que tuvieron lugar.


Pero Charamúkin no lo sabe. No sabe que sus hijos son de otros hombres, que su mujer le ha sido desleal, que él favoreció, con su bondad y con su exceso de confianza, cada uno de los actos de adulterio que su esposa cometió.

martes, 8 de marzo de 2016

EL AMOR TOMADO DEL NATURAL, de Enrique Jardiel Poncela

En El amor tomadodel natural, tenemos una buena muestra del humor, rayano en el absurdo, de Jardiel Poncela.

La estructura del texto es sencilla y podría dividirse en cuatro partes bien diferenciadas:

-Presentación de la dama: El escritor se encuentra en un café, haciendo anotaciones en sus cuartillas, cuando una dama irrumpe en el local y se sienta en la mesa contigua a la suya. Jardiel Poncela nos la presenta como una mujer vulgar, fatua, vanidosa… no en vano no muestra el más mínimo interés por el intelectual.

-Presentación del caballero: Más breve es la introducción del caballero. Un hombre de edad indeterminada pero igual de petulante que su amada.

-Diálogo entre ambos: La conversación que tiene lugar entre ellos está llena de afectaciones y pedanterías. Es una charla vacía en la que cada uno de ellos pugna por ser más cursi que el otro. El escritor asiste con repugnancia a un espectáculo que lo tiene al borde de la vomitona.


-Desenlace: Saturado de tanta falsedad, el escritor llama al camarero para compartir con una persona normal su hartazgo frente a una visión falsamente romántica del amor. Y suelta esta perorata:

“Amor es decirse mentiras y bobadas apretándose las manos por debajo de una mesa... Amor es preguntar a qué hora se ha acostado uno... Amor es jurar que, fuera de la persona amada, lo demás no existe... Amor es llamarse celoso mutuamente... Amor es elogiar los vestidos y los sombreros de la elegida... Amor es discutir, en un diálogo irresistible, quién quiere más al otro... Amor es afirmar que se tiene la eternidad en la mano... Amor es decir que se va a ir al cementerio a diario a llevar flores... ¡¡Amor es creerse todo eso!!”

Esta es la idea del amor del siempre mordaz dramaturgo madrileño.

En la parte final, Jardiel Poncela nos sorprende dando rienda suelta a su humor más grotesco. Consciente de que en la vida real nunca lo haría, pues acabaría preso, el escritor golpea a los dos tórtolos con una silla, única manera de mantener la dignidad en tales circunstancias.

martes, 1 de marzo de 2016

LOS TRES ANILLOS, de Giovanni Boccaccio

¡Por fin ha regresado el Taller de Lectura a nuestra aula del CPAP!

Iniciamos el curso con Los tres anillos, un breve pero interesante cuento de Giovanni Boccaccio, autor del que el pasado año compartimos El cocinero Chichibio.

Boccaccio emplea el recurso de la narración enmarcadauna técnica literaria que consiste en la inclusión de uno o varios relatos dentro de una narración principal.

El relato principal es el del sultán Saladino, que necesita dinero para un compromiso y que, para conseguirlo, recurre al prestamista judío Melquidesec. El mahometano Saladino es poderoso y violento pero no quiere conseguir el dinero por la fuerza, sino que tiende una trampa al usurero. Antes de pedirle o exigirle nada, quiere conocer su voluntad para con él. De este modo, se le ocurre realizarle una pregunta que dará luz a todas sus reticencias: ¿cuál de las tres religiones es la verdadera: la judía, la mahometana o la cristiana?

Melquidesec salió del entuerto con sabiduría. Narró al sultán la historia de un padre que tenía tres hijos y un valiosísimo anillo de oro que había sido entregado de generación en generación por su padre, abuelo y demás antepasados, al hijo más querido. Pero él quería a sus tres vástagos por igual, por lo que mandó construir dos réplicas exactas de la sortija para legárselas el día de su muerte, de manera que no se pudiese saber cuál era la original.


Los tres anillos son metáforas de las tres religiones monoteístas. Según Melquidesec, las tres religiones son dignas de Dios, aunque sólo una es la verdadera, pero nosotros, los humanos, no tenemos capacidad para discernir cuál de ellas es.

La respuesta del judío satisfizo a Saladino, que consiguió el préstamo, y ambos se hicieron amigos.

En este cuento, Boccaccio, desde una perspectiva humanista, hace un alegato por la tolerancia y el respeto entre distintos credos; aboga por la convivencia pacífica entre los fieles de las tres religiones.

A pesar de todo, el texto no puede pasar por alto algunos estereotipos que todavía están vigentes en nuestra época. El judío aparece retratado como un ser avaricioso, dedicado a la usura. El musulmán, por su parte, es severo, violento, temible. Por su parte, el cristiano, reflejado en la persona del narrador, sabe mantenerse al margen, intenta ser objetivo y practicar con el ejemplo, pues se muestra respetuoso con los protagonistas.