martes, 8 de marzo de 2016

EL AMOR TOMADO DEL NATURAL, de Enrique Jardiel Poncela

En El amor tomadodel natural, tenemos una buena muestra del humor, rayano en el absurdo, de Jardiel Poncela.

La estructura del texto es sencilla y podría dividirse en cuatro partes bien diferenciadas:

-Presentación de la dama: El escritor se encuentra en un café, haciendo anotaciones en sus cuartillas, cuando una dama irrumpe en el local y se sienta en la mesa contigua a la suya. Jardiel Poncela nos la presenta como una mujer vulgar, fatua, vanidosa… no en vano no muestra el más mínimo interés por el intelectual.

-Presentación del caballero: Más breve es la introducción del caballero. Un hombre de edad indeterminada pero igual de petulante que su amada.

-Diálogo entre ambos: La conversación que tiene lugar entre ellos está llena de afectaciones y pedanterías. Es una charla vacía en la que cada uno de ellos pugna por ser más cursi que el otro. El escritor asiste con repugnancia a un espectáculo que lo tiene al borde de la vomitona.


-Desenlace: Saturado de tanta falsedad, el escritor llama al camarero para compartir con una persona normal su hartazgo frente a una visión falsamente romántica del amor. Y suelta esta perorata:

“Amor es decirse mentiras y bobadas apretándose las manos por debajo de una mesa... Amor es preguntar a qué hora se ha acostado uno... Amor es jurar que, fuera de la persona amada, lo demás no existe... Amor es llamarse celoso mutuamente... Amor es elogiar los vestidos y los sombreros de la elegida... Amor es discutir, en un diálogo irresistible, quién quiere más al otro... Amor es afirmar que se tiene la eternidad en la mano... Amor es decir que se va a ir al cementerio a diario a llevar flores... ¡¡Amor es creerse todo eso!!”

Esta es la idea del amor del siempre mordaz dramaturgo madrileño.

En la parte final, Jardiel Poncela nos sorprende dando rienda suelta a su humor más grotesco. Consciente de que en la vida real nunca lo haría, pues acabaría preso, el escritor golpea a los dos tórtolos con una silla, única manera de mantener la dignidad en tales circunstancias.

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