martes, 1 de marzo de 2016

LOS TRES ANILLOS, de Giovanni Boccaccio

¡Por fin ha regresado el Taller de Lectura a nuestra aula del CPAP!

Iniciamos el curso con Los tres anillos, un breve pero interesante cuento de Giovanni Boccaccio, autor del que el pasado año compartimos El cocinero Chichibio.

Boccaccio emplea el recurso de la narración enmarcadauna técnica literaria que consiste en la inclusión de uno o varios relatos dentro de una narración principal.

El relato principal es el del sultán Saladino, que necesita dinero para un compromiso y que, para conseguirlo, recurre al prestamista judío Melquidesec. El mahometano Saladino es poderoso y violento pero no quiere conseguir el dinero por la fuerza, sino que tiende una trampa al usurero. Antes de pedirle o exigirle nada, quiere conocer su voluntad para con él. De este modo, se le ocurre realizarle una pregunta que dará luz a todas sus reticencias: ¿cuál de las tres religiones es la verdadera: la judía, la mahometana o la cristiana?

Melquidesec salió del entuerto con sabiduría. Narró al sultán la historia de un padre que tenía tres hijos y un valiosísimo anillo de oro que había sido entregado de generación en generación por su padre, abuelo y demás antepasados, al hijo más querido. Pero él quería a sus tres vástagos por igual, por lo que mandó construir dos réplicas exactas de la sortija para legárselas el día de su muerte, de manera que no se pudiese saber cuál era la original.


Los tres anillos son metáforas de las tres religiones monoteístas. Según Melquidesec, las tres religiones son dignas de Dios, aunque sólo una es la verdadera, pero nosotros, los humanos, no tenemos capacidad para discernir cuál de ellas es.

La respuesta del judío satisfizo a Saladino, que consiguió el préstamo, y ambos se hicieron amigos.

En este cuento, Boccaccio, desde una perspectiva humanista, hace un alegato por la tolerancia y el respeto entre distintos credos; aboga por la convivencia pacífica entre los fieles de las tres religiones.

A pesar de todo, el texto no puede pasar por alto algunos estereotipos que todavía están vigentes en nuestra época. El judío aparece retratado como un ser avaricioso, dedicado a la usura. El musulmán, por su parte, es severo, violento, temible. Por su parte, el cristiano, reflejado en la persona del narrador, sabe mantenerse al margen, intenta ser objetivo y practicar con el ejemplo, pues se muestra respetuoso con los protagonistas.

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