jueves, 9 de octubre de 2014

PECADO DE OMISIÓN, de Ana María Matute (II)

Un refrán muy nuestro dice que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Esto quiere decir que debemos de dar las gracias por un bien o un favor que nos conceden. De ahí que las mujeres del pueblo se echen las manos a la cabeza cuando la autoridad se lleva esposado a Lope, el protagonista de este cuento, después de que éste hayaa matado a su primo lejano y tutor, Emeterio.

Lope fue recogido por Emeterio, primo de su madre, después de que el primero quedara huérfano a los trece años. Emeterio era un hombre bien posicionado, pues era alcalde del pueblo y disponía de propiedades. Sin embargo, Emeterio no recibe a Lope como un hijo, sino que le deja bien claro desde el principio que ha de trabajar para ganarse el sustento. En esa casa no encontrará cariño ni comprensión.

De este modo, Lope es enviado por su pariente al monte como pastor de cabras. Trabajando duro por la manutención, durmiendo a la intemperie, compartiendo sus días y sus noches solamente con las cabras y con un anciano con una deficiencia mental, monótonos, van pasando los años en la vida de nuestro amigo.


De nada sirve la intercesión del maestro de escuela en favor de Lope. Don Lorenzo sabe que Lope es un niño espabilado e inteligente y le pide a Emeterio que lo mande a la escuela para que en el futuro sea un hombre de provecho. Pero la respuesta de Emeterio no se hace esperar: “hay que ganarse el currusco”, “la vida está peor cada día que pasa”.

Cinco años transcurren sin que nada cambie en la vida de Lope… Hasta que un buen día se tropieza con Manuel Enríquez, un antiguo compañero de colegio que, al parecer, no era tan listo como él y que ahora estudia para abogado.

Da gusto ver a Manuel, tan sofisticado, aseado, trajeado, fumando buenos cigarros  y, sobre todo, con unas manos tan finas y gráciles. No hay duda de que a Manuel le sonríe la vida.

Este encuentro casual “despierta” a Lope. Su vida da un vuelco. Ha estado ciego. El hombre que lo “adoptó” no le ha hecho ningún favor, al contrario, le ha condenado a una existencia sin satisfacciones, sin expectativas, sin horizontes.


Y ejecuta su venganza. 

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