EL FIN DE ALGO de Ernest Hemingway (II)


La acción se sitúa en Horton Bay, un pueblo maderero abandonado, diez años atrás. Los protagonistas son Nick y Marjorie, una joven pareja de enamorados que sale de pesca por el río.
  


Durante su excursión (iba a escribir “aventura” pero la palabra me ha parecido poco correcta en este contexto: el relato nos da a entender Nick y Marjorie salen a pescar con asiduidad) conversan. Su charla no es la propia de unos enamorados. Las frases que intercambian son muy cortas y se aprecia cierta tensión y tirantez en la actitud de Nick, condición que no pasa desapercibida para la chica.

En contraposición a este diálogo tan frío y parco en palabras, Hemingway describe con detalle el procedimiento de la pesca de la trucha arco iris para restar dramatismo a una ruptura sentimental que se ve venir, ese fin de algo que avanza el título. Esta ruptura tiene lugar sin escenas, con mucha sobriedad.



En su juventud, Hemingway solía pescar en Horton Bay, Michigan.

Casi al final del relato, aparece Bill, amigo de Nick que ya conocía los planes de éste (le pregunta cómo le ha ido, con Marjorie, si ésta le montó algún número). Queda aclarado que la ruptura estaba premeditada, que no fue una decisión tomada a la ligera. Nick rompe porque el amor no aporta nada a su vida. El amor le aburre (“No me divierte más”, dice refiriéndose al amor) y, por lo tanto, no tiene sentido ni cabida en su existencia, por lo que prefiere prescindir de él.

Como antes hicieron los leñadores en Horton Bay (el escenario donde se desarrolla la acción no es casual, guarda cierto paralelismo con la historia de los protagonistas), el amor se fue de la vida de Nick Adams para no volver.

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