jueves, 6 de junio de 2013

UNA PERRA CARA de Antón Chejov (II)


A veces la necesidad nos empuja a deshacernos de alguno de nuestros bienes más preciados…

En Una perra cara asistimos a un diálogo entre dos amigos. Entre copa y copa, el oficial de infantería Dubov intenta vender su perro al voluntario Knaps. Le está haciendo un favor. El militar ensalza las virtudes de un can al que parece querer con locura, un carísimo perro de pura raza que le dejará casi regalado.

Pero parece que Knaps no tiene la intención de comprar el animal, pues no necesita perro y, lo más importante no tiene dinero. Y es que, en el fondo, el capital es la causa de todo. 


Dubov está desesperado, pasa por dificultades, apenas tiene con qué mantenerse a sí mismo y aún ha de alimentar a un perro. De ahí que intente embaucar a su colega, que le discuta algo tan evidente como que no se trata de un perro, sino de una perra, que negocie con tanta insistencia… El precio de partida fue bajando. De los cincuenta rublos de salida fue bajando, hasta dejárselo gratis, hasta suplicarle por que se lo llevara.

Finalmente, el oficial desiste en su empresa de colocarle el perro a Knaps, pues éste está en una situación tan desesperada como la suya, y le pregunta si conoce a alguien que pudiera estar interesado en la adquisición, o si la perrera de la localidad lo aceptaría.

Dubov descarga su frustración sobre la perra, la insulta, y descubrimos que lo que suponíamos una  perra de casta no era más que un “can de palleiro”.

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