UNA VÍCTIMA DE LA PUBLICIDAD de Emile Zola (II)


Si he traído este relato al Taller de Lectura es, ante todo, por su modernidad. Puede parecernos mentira que hayan transcurrido más de cien años desde que Zola escribiera este pequeño texto, pues en él aborda temas que aún hoy están de actualidad. Pero vayamos por partes.

El cuento narra la historia de un hombre que asumió la cómoda filosofía de que su vida debería estar dirigida por los consejos y recomendaciones que los anuncios y la prensa le fueran facilitando. De este modo, su felicidad estaría garantizada y, además, no tendría que pensar demasiado, tomar decisiones o culparse de los errores que pudiera cometer.


Pero resulta que la publicidad no siempre acierta, no siempre dice la verdad, pues el interés que subyace tras esos carteles y/o publicaciones no suele coincidir con el bienestar del ciudadano. De hecho, observamos como la vida de nuestro protagonista va perdiendo calidad. En un primer momento, la publicidad afecta a sus pertenencias y propiedades. Más tarde, es su aspecto físico el que sale perjudicado por seguir los consejos "a pies juntillas". Posteriormente, pierde su salud, y su inteligencia también se ve perturbada. La publicidad, que en relato está personificada y adopta el rol de “malvado”, le provoca la muerte, lo asesina. Incluso después de su fallecimiento –irónico y genial remate del escritor francés- la publicidad sigue cebándose con él, ya que su ataúd último modelo se abre en dos y su lápida de cartón piedra se pudre con las primeras lluvias de invierno.

Este relato escrito en tono sarcástico es, en suma, una crítica a la publicidad y, sobre todo, a los crédulos, a las personas que carecen de espíritu crítico y que aceptan lo que los medios les ofrecen sin corroborar la información y sin cuestionarse si es cierto o mentira. Así, a lo largo de los párrafos que lo forman, se van sucediendo diferentes críticas parciales a temas que aún nos dan que pensar en el mundo contemporáneo: los avances tecnológicos, la preocupación por la estética, los críticos literarios, las “brujas” o personas que engañan a los incautos con supuestos poderes sobrenaturales… El tiempo ha pasado pero, aparentemente, la sociedad no ha avanzado demasiado.

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