lunes, 25 de febrero de 2013

LOS DOS CONSOLADOS de Voltaire (II)


El cuento de esta semana tiene un inicio abrupto. La conversación entre el filósofo Citofilo (algo así como el “amante de las citas”) y su deprimida alumna de filosofía está ya empezada. Sabemos que ella llora por unas desgracias que desconocemos y que el sabio trata torpemente de consolarla pues, para ello, se refiere a casos diversos de otras mujeres de la antigüedad; unas, personas de relevancia histórica (María Estuardo, Juana de Nápoles), otras, mitológicas (Hécuba y Niobe), que protagonizaron tragedias dignas de recuerdo.


El filósofo parece desconocer el refrán que dice “mal de muchos consuelo de tontos”, pues sus palabras no producen ningún tipo de alivio a la desconsolada dama.

Al día siguiente de este diálogo, el intelectual pierde a su único hijo y casi muere de la pena. Su alumna aplica las enseñanzas de su maestro y emplea el mismo remedio que él había utilizado antes con ella: redacta una lista con todos los monarcas a los que les había muerto un hijo y se la entrega al pensador. Como bien imagináis, esto de poco le sirve al maestro.

Pasados tres meses, ambos vuelven a encontrarse y los dos están felices, de muy buen humor. Han aprendido que el tiempo todo lo cura, y deciden erigir una estatua en su honor, pues el tiempo es el mejor consolador, sólo él nos ayuda a superar nuestras desgracias.

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