viernes, 25 de mayo de 2012

CONDECORADO de Guy de Mauppasant (II)

Esta semana hemos leido el relato de Guy de Maupassant, Condecorado, la historia del señor Sacrement  un burgués adinerado pero con no demasiadas luces que, desde su más tierna infancia, ha vivido obsesionado con llevar una cruz en el pecho que le permitiera aparentar una notabilidad mayor de la que merece.

Esa obsesión le lleva a vagar por las calles contando los emblemas que lucen en las solapas de oficiales y caballeros por diferentes calles y barrios de París. Sus emociones van de la admiración (otorga cualidades especiales a los oficiales que portan la Legión de Honor y alardea de distinguirlos a la legua) a la humillación por no estar condecorado, pasando por la envidia, el odio y la incomprensión, pues son muchos los hombres condecorados con méritos cuanto menos dudosos.


Sacrement tiene un sueño, pero también tiene un conocido, el diputado Rosselin, que podría ofrecerle facilidades, o al menos una idea, para conseguir una medalla. Para ello, nuestro protagonista recurre a su bella esposa (que no comparte su sueño). Le pide que intervenga, que pregunte a Rosselin, sin darse cuenta, ingenuo él, que la está metiendo en las fauces del lobo.


Nuestro ilusionado amigo acosa a Rosselin que se lo saca de encima recomendándole que presente al Ministerio una instancia en la que enumere sus méritos. Sacrement inicia una serie de trabajos pseudocientíficos que piensa le darán la gloria. Los destinatarios de sus tesis no le dan una negativa rotunda y Sacrement ve la posibilidad de ser condecorado cada vez más cerca, asunto que parecía cada vez más factible, ya que ahora Rosselin no sólo le da consejos, sino que frecuenta con mayor asiduidad su hogar; cambio de actitud sorprendente (debido a su aventura con la esposa del protagonista) que no descubre el iluso Sacrement, demasiado ocupado en pelear por su sueño.

Hasta que un día el diputado le hizo un encargo. Sacrement debía buscar unos documentos históricos diseminados en varias bibliotecas del país. Su casa quedaba libre y Rosselin podía continuar libremente con su affair.

Tras varios días fuera, Sacrement siente la llamada del hogar y regresa a casa. Sorprende a su mujer cerrada en su habitación. Escucha ruidos y voces que atribuye a una pesadilla. Su mujer lo recibe con muchos nervios, pues piensa que ha sido cogida in fraganti, mas Sacrement no repara en ello, sino que observa que hay un abrigo con una condecoración en la solapa. La mujer da por hecho que su marido ha descubierto el engaño. Sin embargo, la obsesión de Sacrement por ser condecorado no le permite ver la realidad que tiene ante sus ojos, ofreciendo a su esposa una escapatoria.

  

La esposa sale del apuro diciendo a Sacrement lo que éste quiere escuchar, que el abrigo que se encontraba sobre la silla, en su propia alcoba, con la medalla en el ojal (que no era otro que el del diputado Rosselin), era un abrigo que había mandado confeccionar para sorprenderlo, una sorpresa, pues había sido propuesto para la Legión de Honor debido a su trabajo en la comisión histórica. Una treta para la que la mujer necesita "un mes o mes y medio", pues aún Rosselin debe realizar los trámites (un Rosselin al que nos imaginamos escondido debajo de la cama, encerrado en el armario o detrás de las cortinas, tal vez, escuchando la conversación) y que se ve refrendada por la aparición de una tarjeta de visita del diputado.

No había más remedio, el texto termina informándonos que poco después el Diario Oficial anunciaba que el señor Sacrement era nombrado caballero de la Legión de Honor en virtud de los servicios excepcionales que ha prestado. Supongo que no hará falta explicar en qué consistieron esos "servicios excepcionales"...

El texto es una muestra de los cuentos "galantes" del gran Maupassant y una ácida crítica a las importancia de las apariencias para las clases sociales altas y al modo indiscriminado en que se concedían condecoraciones en la sociedad que le tocó vivir al genial escritor francés.

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