viernes, 21 de octubre de 2011

CONCURSO BREVE Y FANTÁSTICO. Vuestros microrrelatos.

¡Ya tenemos los originales presentados a nuestro concurso de microrrelatos BREVE Y FANTÁSTICO!

Desde este momento, y hasta el 1 de nociembre, queda abierto el plazo para que votéis por las historias que más os hayan gustado

Podéis leerlos a continuación:

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ESTE SOY YO


En circunstancias normales esto sería la gran  pesadilla de un alma atormentada, pero por todos es sabido que la realidad supera la ficción.

Me acababan de enterrar en la huerta del caserío de la tía Filomena. Mi vida había sido un enigma, mí  muerte no la conocía y el porqué de mi entierro no lo podía entender. ¡Me sentía llena de vida!, con un solo diente pero viva al fin y al cabo, claro que de seguir un minuto mas tragando tierra mi indiscutible tipazo se echaría a perder. El batín que me habían puesto por atuendo acababa de reventar. La verdad, no era gran cosa, ni siquiera se había comprado exclusivamente para mí,  a pesar de tan grande evento. Se lo habían agenciado a una muñeca hinchable de la tienda FU. ¡Válgame Dios! El glamour brillaba por su ausencia, ni  los gusanos me tendrían en consideración.

De pronto me sentí alicaída ¿Que sería en este momento?, ¿intraterrestre?, también podía ser… ¡un ajo macho!, ¿por que  no? Enterrado, con un solo diente, en el huerto de la tía Filomena, etc. Pero… ¿y el batín?, probablemente restos del atuendo de algún espantapájaros  pasado a mejor vida, que se había entremezclado con la tierra. ¡Que historia la suya!.

Todo empezaba a cuadrar. Claro que me sentía lleno de vida, ¡estaba en pleno crecimiento! ¡A la porra los gusanos!, mi tufillo les ahuyentaría, y… ¿lo de sentirme viva?, sin duda, el estampado floral del dichoso batín. De ahí la confusión.


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NOCHE DE TORMENTA

Era una noche tormentosa del mes de diciembre, el viejo Isaac se encontraba tomando su coñac de después de la cena y de repente se apagaron todas las luces de su caserío. Nunca había pasado esto en sus más de 70 años de vida. Decidió salir afuera a pesar de que sólo llevaba puesto un batín recién comprado. Al hallarse en medio de la oscuridad observó a uno de sus perros muerto en el camino que conducía a la casa. Llevaría muerto escasos diez minutos. No podía creer lo que estaba viendo, decidió enterrar al pobre animal y después trataría de resolver el enigma del apagón y la muerte del perro. Al terminar se dirigió hacia una caja de fusibles donde estaba el interruptor general de la finca. Éste se encontraba arrancado de su sitio, tras largo rato consiguió arreglar la avería, satisfecho de su obra decidió volver a casa para terminar su copa. Pero al darse la vuelta se encontró con el mismísimo diablo en persona, cogió una vieja horquilla maltrecha para poder defenderse y el diablo no se atrevió a atacarle como había hecho con el pobre perro que defendía el hogar del viejo Isaac, al que le había hincado el diente cobarde y vilmente. El diablo extendió su capa y salió volando en busca de nuevas víctimas, ¿volverán a encontrarse?
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  EL ENIGMA DEL CASERÍO


Cuando abrí los ojos vi una mujer con batín, era una enfermera. Mis padres temían que me tenían enterrar, porque yo no salía del coma en que estaba. Gracias que no seguí mucho más en coma. Y todo fue por el enigma que había en el caserío, donde me encontré a un vampiro hambriento. Primero era hombre pero luego se transformó en menos de un  minuto en vampiro con sus dientes afilados. Yo estuve luchando contra él hasta que me venció.

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  SUEÑOS PELIGROSOS

El tío Pepe vivía en un caserío con su mujer Lola y su perra Lila a las afueras de Guísamo, en una zona muy solitaria en la que apenas había vecinos.

Un día soñó que entraban a robarle cinco ladrones armados con una escopeta, dos ametralladoras y hasta llevaban varios fusiles y un tirachinas.

No consiguieron ni el dinero ni las joyas porque su mujer había despertado, le dieron un golpe tan fuerte que le quitaron un diente y le rompieron un brazo. De pronto, despertó.

No había pasado ni un minuto cuando la perra empezó a ladrar. El tío Pepe se levantó y, pensando que era real, hizo un agujero en el jardín, con una linterna, porque estaba muy oscuro, para enterrar una caja en la que tenía metidas todas las joyas y todo el dinero que tenía en casa, por si el sueño se hacía realidad.

El domingo siguiente vinieron sus hijos a comer y, mientras tomaban el café, el tío Pepe les contó lo sucedido. Éstos no podían creer lo que les estaba contando y le dijeron: “Eso es una tontería. Los sueños nunca se hacen realidad. Vamos a desenterrar la caja”.

La sorpresa fue tremenda, la caja estaba allí pero no el dinero ni las joyas. En su lugar, había un precioso batín de seda rojo y una nota que decía: “Si quieres que no te vean de noche nunca lleves linterna”.

La policía todavía no ha resuelto el enigma.

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 EL DESCUARTIZADOR NOCTURNO

En un pueblo del norte de España residía un anciano de aspecto terrorífico que tenía un parche en el ojo derecho, nariz puntiaguda y al que le faltaba un diente, pero a pesar de ser tan feo, le gustaba vestir elegantemente, pues en casa siempre se ponía un batín de seda de color azul celeste con dibujos raros.
Este anciano era el que se encargaba de enterrar a las personas que fallecían en el lugar.
Corría el rumor de que el anciano además de ejercer de enterrador, se dedicaba a otro tipo de asuntos y que en el caserío en el que vivía sucedían cosas muy extrañas, que todas las noches se convertía en hombre lobo y deambulaba por las calles en busca de alguna presa para cazar y que después se las llevaba al laboratorio que tenía en el sótano. Allí tenía todo tipo de instrumental para poder separar las partes de los cuerpos y, como ya tenía cierta habilidad, le llevaba un minuto hacerlo. Introducía cada parte en bolsas y las metía en una especie de nevera para que se conservaran y así poder comérselas.
Estos acontecimientos hacía años que sucedían y como nadie se explicaba por qué desaparecía tanta gente, para los vecinos estaba resultando todo un enigma pues, a pesar de que se oían rumores sobre el anciano al que llamaban el tuerto, jamás llegarían a imaginar que este anciano fuese el asesino y, sobre todo, que hiciese estas prácticas macabras.

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EL HOMBRE MISTERIOSO
Todo era un misterio en el caso del señor Anderson. Sólo tenía un diente porque había sufrido un accidente, no se sabe cómo, hacía años, y el pobre hombre vivía en un enorme y solitario caserío. Era un hombre raro, algo fuera de lo normal, porque le gustaba encerrarse en sí mismo sin salir apenas de la vivienda y andaba siempre vestido con un batín. No se cuidaba nada, su aspecto era descuidado. La gente de pueblos no muy lejanos lo conocían sólo de oídas. Lo llamaban el hombre misterioso por el motivo de que nunca lo habían visto en su vida, y acercarse hasta esos lugares a la gente le daba cierto respeto pues no sabían con qué clase de individuo se iban a encontrar.
Cierto día, en cuestión de un minuto, Anderson estaba echando una siesta en su gran mansión y de golpe y porrazo se incendió todo y el pobre hombre falleció asfixiado. Los vecinos al ver desde lejos lo ocurrido no se atrevieron a ir y a él no se le pudo enterrar. La causa nunca se llegó a saber, quedó como un enigma para todos.

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¿FUE CIERTO?
Antes de morir, mi abuelo me contaba muchas historias de miedo que, por otro lado, a mí me encantaban. Entre ellas, os relato una que le escuchaba a la gente del lugar cuando era niño.
En el pueblo vecino vivía una señora de 90 años que describía a la perfección el enigma que rodeaba al antiguo caserío, habitado por una familia noble que, en aquel tiempo tenía criados.
La vida de éstos era normal, similar a la de sus convecinos, pero la señora de la casa, desde hacía un tiempo, tenía sueños horrendos, de auténtico terror. Precisamente éste cabe la posibilidad de que hubiese sido cierto por la similitud con otros que habían ocurrido en el pueblo.
El sueño consistía en que se le aparecía un hombre con un  batín rojo, al que se le veía perfectamente un diente negro (ya cadáver en la urna) seguido de perritos blancos con campanillas al cuello. Dicho hombre era de una aldea vecina. Luego, éste se moría en la vida real. Después de comentarlo, minuto a minuto, en la cena, la criada le dijo que a un señor con esas características lo habían llevado a enterrar al nuevo cementerio municipal.


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EL ENIGMA
Mi tío Daniel, por parte de padre, posee un caserío  en León y casi siempre nos llevaba a mis primos y a mí el fin de semana. Un día, ya casi llegando allí, la policía nos paró el coche para decirnos que parásemos un poco, pues estaban enterrando a una niña pequeña que se había suicidado por una tontería: le cayó un diente, y como el ratoncito Pérez no le puso nada debajo de su almohada se lo tomó muy a pecho y se suicidó. También lo hizo porque llevaba ya más de un mes intentando resolver un enigma al que no encontraba solución.
Sus padres, de riguroso luto; él con un batín negro que le vino muy bien para aquella ocasión, ya que estaba nuevo y su economía, además, no era muy boyante. Sus hermanos, como eran muy pequeños, vivían aquello un poco ajenos a la situación, sería algo difícil para ellos pero, con el tiempo, lo asimilarían. De pronto, se oyó un ruido estrepitoso que bajaba del cielo. Era una nave espacial llena de extraterrestres que venían a despedirse de la muerta, ya que tenían una gran amistad, amistad que había surgido a través de Internet: empezó todo como una tontería pero, más tarde, se convertiría en una buena amistad. Se dieron los e-mails y todo, por eso no se explicaban lo sucedido, ya que sólo faltaba un minuto  para descifrar el enigma que la tenía tan preocupada.
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