lunes, 26 de septiembre de 2011

BÁRBARA ROLOFFIN de E.T.A. Hoffmann (II)


El relato de terror Bárbara Roloffin está ambientado en el Berlín del siglo XVI. En él el escritor E.T.A. Hoffmann desarrolla la historia de un proceso de brujería, por otra parte, actividad muy común y extendida (sobre todo en los países luteranos y calvinistas) en el siglo en el que acontece la acción y por la que cientos de miles de hombres y, sobre todo, mujeres fueron condenados a morir en la hoguera en “instructivos” procesos públicos.

España no fue un país ajeno a esta práctica tan salvaje e irracional a pesar de ser una región católica, si bien las penas aquí eran menos severas, pues no se consideraba la brujería como una forma de herejía (lo que se conoce como racionalismo hispano), habiendo denuncias y procesos contra presuntas brujas hasta avanzado el siglo XIX.

A pesar de la “permisividad” de las instituciones peninsulares, también hubo en España “cazas de brujas” realmente destacables por su magnitud y sus consecuencias, aún así muy lejos de las sanguinarias barbaries de los países protestantes, al norte de los Pirineos. Entre estos procesos, cabe destacar el conocido como el de las brujas de Zagarramurdi, que terminó con 53 condenados, 11 de ellos a pena de muerte.
 
Volvamos al relato que nos ocupa. En él observamos varios personajes fundamentales. Un extranjero elegante que se gana el aprecio y el respeto de los berlineses por su educación, su buen humor y sus extravagancias; una vieja comadrona, Bárbara Roloffin, que atiende el embarazo de la mujer de un importante consejero (el señor Lütkens).

Pues resulta que Bárbara Roloffin y el noble extranjero se conocen y, tras una discusión en una extraña lengua entre ambos, el caballero recomienda a los señores Lütkens que no se fíen de la vieja, que pronto sospechan que la que antes era su comadrona pudiera ejercer malas artes (la brujería).

Dichas sospechas se agudizan cuando la señora Lütkens, en lugar de un rubio y sonrosado querubín, da a luz un horrible monstrtuo cornudo y descubren que la anciana Roloffin estuvo sentada en el umbral de la casa mientras la señora daba a luz.

Poco tiempo después, en un día tormentoso, muchas personas observaron a Bárbara Roloffin volando por los cielos de Berlín (aunque en el cuento no se menciona, todos sabemos que las brujas viajan en escoba…), por lo que ya nadie pudo dudar de que la Roloffin era una bruja.

Tras sufrir tormento, Bárbara Roloffin confesó todos sus crímenes y fue condenada a recibir escarnio público y a morir en la hoguera.

Mientras Bárabara Roloffin se encuentra en la pira satánica y las llamas están a apunto de devorarla, la vieja reclama la ayuda de Satanás, que debe de cumplir con lo pactado entre ambos. El galán extranjero, el mismo diablo, se convirtió en un enorme murciélago y rescató de las llamas a la terrible bruja, desapareciendo a los ojos de la multitud aterrorizada.

El cuento finaliza con la enseñanza de que sólo la gracia divina puede proteger a las gentes de los malignos lazos del anticristo.

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