jueves, 8 de septiembre de 2011

ANÉCDOTA PARA DISMINUIR EL ESPÍRITU DE TRABAJO de Heinrich Böll (III)

La primera lectura tras el parón veraniego ha sido esta breve parábola del Nobel alemán Heinrich Böll titulada Anécdota para disminuir el espíritu de trabajo.

La acción se desarrolla en un puerto de la costa occidental de Europa. Bien podría ser un puerto de la España mediterránea, pues el cuento data de 1963 y en esa época España era un país pobre y exótico a los ojos de otros europeos más ricos. Böll la traza como si de un pintor se tratase con una amplia paleta de colores: el azul del cielo, el verde del mar, el blanco de las olas, el barquito negro, la gorra roja… parece que estemos presenciando la escena.


Los protagonistas son dos personajes opuestos: un modesto pescador que descansa en su barca de pesca, y un turista más o menos adinerado, procedente de un país más próspero. El primero es un ser centrado en el presente, pobre, pasivo, perezoso (lo apreciamos en que sus intervenciones son lacónicas, en que emplea el lenguaje gestual o de signos para evitar el esfuerzo de abrir la boca, además de que nuestro punto de vista está más próximo al del turista, pues España es hoy un país desarrollado). El segundo, por su parte, es un ente producto de una sociedad depredadora y consumista, un hombre rico, estresado, preocupado, que observa la vida a largo plazo. Desde su aparición, con el “clic” de su cámara fotográfica, se entromete en la vida del marino; lo despierta, lo interroga, lo aconseja, hace planes para su futuro… sin mala intención, pero sin preguntarse si al pobre le interesa lo más mínimo su opinión.

Una primera lectura seguramente nos llevará a la manida pregunta: ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir? El pescador trabaja para vivir, claro está. Se conforma con conseguir algo que llevarse a la boca y vivir el momento presente. El turista, por el contrario se inclina por la opción “vivir para trabajar” con el mismo objetivo que el marinero, descansar y disfrutar, si bien cuando éste lo consiga, ya será viejo.


Es el texto una crítica al egocentrismo, a la ausencia de empatía de las sociedades desarrolladas y de sus individuos, que creen que su modo de entender la vida es el único y el correcto, menospreciando a veces a otras personas y culturas.


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