miércoles, 4 de mayo de 2011

Reescribiendo clásicos. Últimas aportaciones de los alumnos.

Llegó el momento de que leais vuestras últimas cuatro historias. En esta ocasión, les ha tocado el turno a los clásicos amantes Romeo y Julieta, a los detectives Sherlock Holmes y Hércules Poirot, a la princesa Blancanieves y los siete enanitos, y al monstruo Frankenstein.

Tenéis ya a vuestra disposición la encuesta para votar por vuestros favoritos (podéis votar a cuantos microrrelatos queráis). La votación permanecerá abierta hasta el próximo 1 de junio, día en que se dará a conocer al ganador del premio de un lote de libros.

ROMEO Y JULIETA. UN AMOR
IMPOSIBLE
En un pueblo llamado Bergondo, vivían dos familias de distinta clase social. Una era la más rica del pueblo y la otra era una de las más humildes, pues apenas tenían para comer. Un día en la fiesta del pueblo, coincidieron el hijo mayor de la familia rica, que se llamaba Romeo y la hija mayor de la otra familia, que se llamaba Julieta.
Al verse, enseguida intimaron, así que se pusieron a hablar y a bailar. Estuvieron toda la noche hablando y bailando hasta que se terminó el baile. Al despedirse, decidieron que quedarían al día siguiente para dar un paseo y poder seguir hablando para conocerse mejor.
Pero al día siguiente Julieta no se presentó, pues sus padres se habían enterado que había quedado con el hijo del hombre más rico del pueblo y no la dejaron ir, porque sabían que los padres de él tampoco aceptarían esa relación. Así que Romeo se quedó sin poder volver a ver a la chica de la que se había enamorado nada más conocerla en la fiesta del pueblo.
ELEMENTAL QUERIDO POIROT
En una fría tarde de Noviembre se encontraba Hércules Poirot investigando un crimen sucedido hacía tres días. Se trataba del asesinato de una joven de unos 15 años de edad aproximadamente. El afamado detective había estado entrevistando a todos los posibles sospechosos sin ningún resultado positivo aparente, se inclinaba a pensar que el mayordomo podía tener alguna relación con el asunto por las contradicciones en las que había caído durante la entrevista que habían mantenido anteriormente.
En esto que se encontraba el hombre pensativo, cuandove que se acerca una sombra por la puerta, se queda completamente pasmado cuando distingue la figura de Sherlock Holmes.
- Mister Holmes, ¿Qué le trae a usted por aquí?
- Monseur Poirot, vengo a ayudarle resolver este horrendo crimen.
- ¡Aha!, llevo tres días y tres noches y investigando y no he logrado grandes avances Mister Holmes, así que dígame, ¿Cómo piensa ayudarme a resolver este crimen? Ehhhhhhhh
- Pues verá usted Monseur Poirot, me he fijado en algunos pequeños detalles. Por ejemplo, en un jarrón que se encuentra tirado debajo de unos arbustos en el jardín. Aparte, la pinche de cocina tiene unos cortes en las manos, amigo Hercules.
- No había caído en esos detalles Mister Holmes.
- Elemental querido Poirot, elemental. Estos belgas no tienen desarrollado el más elemental sentido de la suspicacia.
OSCURANIEVES Y LOS SIETE MONSTRUITOS
En una aldea muy alejada de la ciudad, allá en unas montañas bastante altas las cuales tenían sobre 1.500 metros, existía una chica llamada Oscuranieves. Vivía sola desde casi toda su vida, y carecía de algo muy importante, que era su habla, pero no se sabía si era porque se encontrara sola y no había tenido la ocasión de que le enseñaran, o si realmente tenía un problema que era ser muda.
Pero ella, a su manera, era feliz, porque vivir donde vivía le hacía sentirse libre. No dependía de horarios. Su mundo era el día a día en el bosque. Todos los días se daba paseos enormes, y disfrutaba con las cosas pequeñas de la vida, porque se quedaba con los pequeños detalles que ocurrían a su alrededor como; una mariposa que volaba por el cielo, una ardilla subiendo por el tronco de un árbol, etc. Aunque un día, subiendo una de las montañas, se asustó mucho porque se encontró con siete monstruitos (de aspecto físico eran igualitos a los enanitos sólo que enormes) a los que jamás había visto en su vida y su reacción fue esconderse detrás de un árbol. Lo sorprendente es que ellos sí hablaban y no parecían agresivos pues estaban pacíficamente sentados en medio del camino.
Ella seguía asustada, y no sabía que hacer para poder regresar a su casa, pues para ir tenía que pasar obligatoriamente por delante de ellos porque no tenía más que un sendero. Pasado un rato se le ocurrió tirar una piedra hacia un lado escondido para ver si así se movían del camino y ella aprovechar y escapar, pero tuvo mala suerte y la atraparon. Intentaron hablar con ella pero era inútil porque solo les respondía por señas, y estaba muy asustada pero al parecer eran buenos y no le hacían daño.
Con el paso de los días la fueron conociendo mejor y se hicieron amigos, eso sí, nunca llegó a hablar, pero se sentía a gusto en compañía de todos ellos.
¿CONTINUARÁ?
Aquella noche estaba Frankenstein que no cabía en sí de gozo, con su melena al viento y un ligero rubor en las mejillas. Henchido de confianza le pregunto al espejito.
- ¿Acaso alguien luce las tuercas mejor que yo?
- Sin duda las tuercas tienen su encanto, pero lo que te hace realmente irresistible es el tintineo de los cuatro dientes que te quedan. Su espesa negrura a la par que tus ojeras te dan un toque especial.
Con su ego enaltecido, besó al espejo. Desbordado de impresión al verlo hacerse añicos pero reponiéndose con su habitual destreza, mientras se ceñía el corpiño, pensó:
- ¡Bah! Hay más en cadena cien.
Miró al cuco del reloj y viendo su cara de estrés comprendió que se hacía tarde.
Rápidamente decidió que seguiría con sus queridos y harapientos pantalones, le hacían lucir más esbelto. Ya sólo faltaban sus zapatitos del cuarenta y uno, de auténtico cristal y…¿por qué no decirlo?, plantillas ortopédicas incorporadas. Eso sí, ¡cómodos a rabiar!
¡Oh Dios! Podría echarse a volar. El trotar de unos caballos le sacó de su ensimismamiento. ¡MI DULCE HÉROE! ¡Qué bólido!

2 comentarios:

  1. Aunque recién estoy empezando a leer los relatos sobre el gran Hércules Poirot, de haber tenido opción a votar, lo hubiese hecho en favor del formidable detective Sherlock Holmes. Claro está que toda elección es subjetiva, la mía lo es más por el apego que tengo a la literatura detectivesca.

    Me agrada mucho la forma en como acompaña a sus reseñas literarias con las caricaturas (humor). En estos momentos trato de hacer memoria en vano, he olvidado el nombre del caricaturista. En fin. Saludos y éxitos en sus clases.

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  2. Muchas gracias por todo, GRAF, me alegro de que te guste el blog. El nombre del caricaturista es Montt, Alberto Montt. Puedes ver más viñetas en su web: www.dosisdiarias.com . Un saludo.

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