martes, 26 de abril de 2011

DON JUAN de Benito Pérez Galdós (II)

Varios aspectos deben de habernos llamado la atención tras la lectura del relato Don Juan de Benito Pérez Galdós. Por un lado, la riqueza de las descripciones de los personajes, por otro, la revisión humorística del mito de un personaje clásico de la literatura universal.

- Las descripciones: mediante el empleo de comparaciones y metáforas clásicas (los labios son coral, el cuello alabastro, los cabellos hebras que oscurecen al mismo sol) y originales (el lunar es una corchea en el pentagrama que es su cara), Galdós nos dibuja a la gallega y a los diferentes personajes con los que Don Juan se va encontrando a lo largo de esta historia. Llaman poderosamente la atención el retrato del bibliómano-un viejo libro de 700 páginas, voluminoso, ilegible y apolillado, encuadernado en un enorme gabán pardo con cantos de lanilla azul- o el de la arpía -su nariz era un cuerno, su boca una cueva de ladrones, sus ojos dos grietas sin mirada y sin luz-.


- Revisión humorística del mito: sin embargo, el personaje principal, nuestro Don Juan particular, sólo aparece retratado por sus acciones, suficientemente esclarecedoras (descubrimos un Don Juan inmodesto, presumido, decadente, fracasado). En el relato, el protagonista vive dos aventuras amorosas que desde un principio entiende favorables pero que, en cambio, terminan de la misma patética manera para el galán: descalabrado y entre la inmundicia; un galán que finalmente, tras otros affaires por el estilo, acaba encerrado en una institución psiquiátrica.

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