miércoles, 15 de junio de 2016

LA VISITA DEL SEÑOR TESTATOR, de Charles Dickens

El señor Testator vive en la miserable Lyons Inn., calle en la que conviven mendigos, borrachos y personajes de dudosa calaña. El señor Testator se dedica a escribir pero se ve que su oficio no le reporta pingües beneficios. De hecho, su modesta vivienda carece de los muebles necesarios para hacer una vida decente y de carbón para encender un fuego que le ayude a combatir el frío londinense.

Una noche, baja al sótano, en el que espera encontrar carbón, pero en su lugar encuentra una habitación repleta de viejos y variados muebles. El cuarto no debe de ser el suyo pero, sin embargo, ha abierto el oxidado candado con su propia llave.


El señor Testator permanece confundido durante unos momentos. No es capaz de conciliar el sueño. Aquellos muebles en su trastero, abandonados, desperdiciados... y él sin una buena mesa en la que rellenar sus cuartillas. Lo mejor sería volver al sótano y tomar prestado el escritorio.

De este modo, el señor Testator decide trasladar la mesa a sus habitaciones. Y más tarde el resto del mobiliario (librería, diván, alfombras, etc.) abandonado sigue el mismo camino. Lo hace de madrugada, a escondidas, cual vulgar ratero.

Ya en su casa, los limpia, los pule, los adecenta. Les da nueva vida.

Y pasan los años sin que nadie los reclame. El señor Testator hace vida normal hasta que un día recibe una inesperada visita. Un hombre de lo más extraño llama a su puerta. Y ese extraño reconoce el mobiliario del apartamento del escritor. Uno detrás de otro, dice que los muebles son suyos.

Nuestro protagonista recapacita y piensa en las consecuencias de sus actos. Podría acabar detenido. Así que decide llegar a un acuerdo con el visitante, si bien éste parece haber bebido un poco más de lo recomendable, aunque su carácter es afable. Toman un par de tragos juntos y se despiden citándose para la mañana siguiente.



Sin embargo, el señor Testator no vuelve a saber nada de ese hombre misterioso. ¿Era real o era un fantasma? ¿Le habrá pasado algo? ¿Estaría loco?... Lo más probable es que fuese su conciencia.


Charles Dickens nos deja con la duda en el final de La visita del señor Testator, el relato que hemos leído esta semana en nuestro Taller de Lectura.

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