jueves, 3 de abril de 2014

EL MENDIGO de Guy de Maupassant (II)


Abandonado, atropellado, afrentado, humillado, maltratado, agotado, atemorizado, asesinado… Así de dura fue la vida del mendigo protagonista de esta brutal narración que alumbró la siempre genial pluma de Guy de Maupassant. Un relato que bien podría estar inspirado en un hecho real. Una historia de crueldad humana, de egoísmo, de absoluta falta de empatía.


Condenado a vagabundear y mendigar alimento por las calles de diferentes regiones de Francia, sin formación alguna que le abriera nuevos horizontes e impedido de su tren inferior, Nicolás Toussaint está sentenciado desde el inicio de la narración. La muerte de su protectora simplemente aceleró una agonía anunciada.

“Cloche” (“campana” en francés), así lo llamaron por su forma de desplazarse con sus muletas, está solo en el mundo. Incapaz de ganarse su pan, ha de pedirlo. Pero las gentes de la zona tienen corazones acorazados, blindados. Después de cuarenta años de malvivir entre ellos, el pobre sólo consigue engendrar desconfianza y odio en sus vecinos, que le niegan la limosna, lo desprecian, lo insultan e incluso llegan a agredirlo.

De este modo, van pasando las horas y Nicolás recorre la geografía sin apañar un mendrugo. Transcurre un frío y triste día de invierno. Sus fuerzas se van debilitando y, con ellas, su entendimiento, ya de por sí muy limitado. El hambre aprieta y “Cloche” mata a una gallina. Sólo quiere comer.


Pero nuestro amigo es sorprendido en su infracción y el patrón de la hacienda se abalanza sobre él y se ensaña golpeándolo hasta dejarlo inconsciente. Su ira y la de sus empleados aterrizan sobre su lomo y sobre su rostro en forma de puñetazos, rodillazos, puntapiés. Una vez se cansan de pegarle, lo encierran en una leñera a la espera de que los gendarmes se lo lleven. Nicolás sigue sin probar bocado.

Otra vez maltratado por los guardias, el vagabundo es llevado a la capital del cantón donde es encarcelado. Al día siguiente, cuando acuden a interrogarlo, se lo encuentran ya cadáver. Ha muerto de hambre.

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