LA ALUCINACIÓN DE STALEY FLEMING de Ambrose Bierce (II)

Acabamos de leer la inquietante historia de Staley Fleming, un hombre que murió asesinado por el espíritu del perro de su enemigo Atwell Barton.

El relato comienza con un diálogo entre Staley Fleming y su amigo el médico. El primero sufre alucinaciones. Y es que, cuando se despierta, se le aparece un enorme perro Terranova que lo observa de una manera siniestra, amenazante. Fleming teme que esta situación lo conduzca a la locura.

Cuando el doctor apunta que la descripción del perro concuerda con la de la mascota de Barton, Fleming se pone nervioso. Y es que el hombre había sido asesinado en extrañas circunstancias, tres años atrás, y el crimen no había sido resuelto. Fleming, que había realizado un larguísimo viaje a Europa inmediatamente después del desgraciado suceso, no estaba libre de sospechas.



De este modo, el doctor acepta pasar la noche en casa de un desasogedo Fleming. Un golpe en la casa interrumpe sus lecturas. Acude a la habitación donde duerme su paciente y se encuentra con que la puerta, contradiciendo sus mandatos, está cerrada. Una vez que ha conseguido entrar, descubre el cadáver de su anfitrión.

La puerta cerrada y la herida en el cuello le hacen pensar al doctor que Fleming se ha suicidado. Sin embargo, el examen forense revela incuestionables indicios de la mordedura de un animal.

¿Había sido el fantasma del perro de Barton el que, clamando venganza por la muerte de su amo, asesinó a Staley Fleming? ¿Había sido Staley Fleming el verdugo de Barton? ¿Pueden los espíritus equivocarse?

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