viernes, 23 de marzo de 2012

EL DIABLO Y EL RELOJERO de Daniel Defoe (II)

La semana pasada leímos El fantasma provechoso, del escritor Daniel Defoe, ésta un nuevo relato de temática fantástica o esotérica del autor del Robinson Crusoe, El diablo y el relojero.

El cuento narra la historia de un artesano fabricante de engranajes para relojes que alquila una buhardilla en el edificio de una honesta viuda. Poco o nada sabemos de él, no sabemos si es bueno en su trabajo, no conocemos su aspecto físico, ni tan siquiera sabemos si es buena o mala persona.

Una pareja acude a la casa a visitarlo por motivos relacionados con su profesión, tampoco conocemos exactamente cuáles son esos motivos (quizá realizar un encargo, saldar una deuda...). Cuando se disponen a subir las escaleras que los llevan al ático, se encuentran con que la puerta de la habitación está abierta y ven al relojero colgado, ahorcado, de una viga.


Se disponían a socorrerlo cuando, de la parte más tenebrosa de la éstancia surgió un hombre misterioso con un escabel en una mano y un cuchillo en la otra. Iba a encargarse de recuperar el cuerpo del relojero.

Ante un gesto del personaje misterioso, el hombre y la mujer esperan y observan desde las escaleras cómo éste intenta cortar la cuerda y bajar el cuerpo. Pero no es más que una pantomima. El hombre extraño les hace señas para darles a entender que se las arregla el solo pero, sin embargo, no pone especial empeño en la tarea.


Hartos de la inoperancia del hombre misterioso, la pareja sube a echar una mano. Primero el hombre, que cae desmayado al entrar en la habitación y observar que no queda rastro del personaje del escabel y el cuchillo. Tiene que ser la valiente mujer la que finalmente rescate el cuerpo del relojero.

Pero ¿de dónde había salido ese ser misterioso? Era el demonio, que había tentado y convencido al artesano para que perpetrase su propio crimen y que se encargó de retrasar la actuación de la pareja para darle más tiempo a la muerte.

En lecturas anteriores vimos cómo el diablo puede adoptar diferentes formas (recordad el relato Bárbara Roloffin, de E.T.A. Hoffmann, en el que el demonio adopta el cuerpo de un extranjero alto y con cojera pero también el de un gran murciélago). En este cuento, Satanás toma la forma de un hombre misterioso -no conocemos su aspecto físico, se mueve entre las tinieblas- pero lo más llamativo es que no habla, solamente gesticula.

Resultan curiosos los dos últimos párrafos de la lectura. En el penúltimo, el narrador surge para convencernos de la veracidad de los hechos narrados y nos explica la participación del diablo, dando solución al enigama.

En el último párrafo, sin embargo, deja abierta una incógnita: no sabemos si el relojero murió o si fue descolgado a tiempo de salvarle su vida, pero eso carece de la menor importancia, en este relato Defoe se propone advertirnos de los peligros de atender a las tentaciones, y lo consigue.

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