martes, 29 de noviembre de 2011

EL GIGANTE EGOÍSTA de Oscar Wilde (III)

Hemos leído el cuento del escritor irlandés Oscar Wilde que lleva por título El gigante egoísta, un cuento infantil y para todos los públicos que data de 1.888 pero que nunca pasará de moda.

El relato (como casi todos los cuentos enfocado hacia los más pequeños) tiene un fin moralizante. Se trata, en este caso, de enseñar a los niños que no deben de ser egoístas, que deben de tener buenos sentimientos hacia los demás, hacia los que no son tan afortunados como ellos, y compartir, pues el que realiza buenas acciones será recompensado.

Mientras el Gigante Egoísta está de visita en casa del Ogro de Cornish, los niños se han apropiado de su hermoso jardín para jugar, a la salida de la escuela. Después de siete años, cuando el gigante regresa, expulsa a los niños de su propiedad y levanta un muro para que no vuelvan a entrar en su jardín. Con la marcha de los niños, el Invierno con sus aliados -la Nieve, el Granizo, la Escarcha y el Viento del Norte- se internaron en las tierras del gigante para no marcharse.

Pero un día el gigante escuchó música de pájaros en el exterior de su casa. Se asomó a la ventana y descubrió que por fin la Primavera había regresado y, con ella, los árboles florecieron. El motivo de este cambio fue la entrada de los niños en su jardín, pues habían descubierto una brecha en el muro. Aunque había un rincón en el que todavía había invierno y tristeza. Un pequeñín intentaba subirse a un árbol y no lo conseguía. El gigante, en ese momento, se dio cuenta de que había actuado mal, de que había sido demasiado egoísta y se arrepintió con todas sus fuerzas, y decidió que a partir de ese momento su jardín sería siempre un lugar de juegos para los niños.

Cuando el gigante salió de su morada los niños huyeron despavoridos. Todos excepto el niño más pequeño que, como estaba llorando, no lo vio salir. El gigante lo cogió en brazos y le ayudó a subir al árbol. El pequeñín lo abrazó y lo besó, creando un fuerte vínculo de amistad entre ambos. Los demás niños, al verlo, comprendieron que el gigante estaba arrepentido y volvieron a sus juegos. El gigante derribó el muro y los niños fueron felices compartiendo sus juegos con el gigante durante muchos años. Aunque no volvió a ver al pequeñín...

Mas el gigante se hizo viejo. Un día de invierno despertó y descubrió un árbol de oro cubierto de flores blancas. Bajo el árbol encontró al niño pequeño, que tenía unas heridas, como de clavos, en sus manos y sus pies. El gigante, enfurecido, clamaba venganza, pero el niño le explicó que estaba equivocado, que como había sido bueno, había venido a buscarlo para llevárselo al Paraíso. Y el gigante murió, y los niños encontraron su cadáver bajo un árbol, cubierto de flores blancas.

El protagonista del relato es el Gigante Egoísta. Otro personaje fundamental es el del niño pequeño, que es una reencarnación de Jesucristo (acordaos de las marcas de clavos en sus manos y pies) o un enviado de Dios. Además, aparecen una serie de niños que juegan en el jardín del gigante.

Aunque lo que realmente llama la atención en este cuento, es la aparición de personajes ambientales que juegan un papel fundamental en la historia. Las distintas estaciones del año, los fenómenos atmosféricos, los árboles, las flores, aparecen personificados. La personificación es una figura retórica que consiste en la atribución de cualidades propias de los seres humanos a animales o a objetos. De este modo, Oscar Wilde escribe con mayúscula (como si fueran nombres de personas o nombres propios) las diferentes estaciones del año -Primavera, Verano, Otoño e Invierno- así como diversos fenómenos atmosféricos -Granizo, Viento del Norte, Nieve, Escarcha...- y los acompaña de verbos que indican acciones propias de las personas: "dijo", "se asomó", "quedarse dormida", "se olvidó", "estaban tan felices", etc.

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